Un juzgado de Barcelona declara nula la colocación de acciones preferentes por parte de Bankia a un matrimonio compuesto por un ama de casa y un enfermo de esclerosis múltiple y atrofia cerebral.

Cuando se puso enfermo, año 2005, vendió su pequeño negocio familiar. Todos sus ahorros estaban en depósitos, libretas de ahorros y acciones de Endesa. Confiaron en los empleados de Bankia, su banco de siempre, e invirtieron sus ahorros en preferentes, algo más de 130.000 euros.

El juez ha dudado de la capacidad que tenía el marido por la enfermedad que padecía de poder entender el producto que estaba adquiriendo. Tenía muy claro que este matrimonio no tenía el perfil para adquirir un producto tan complejo. Según el juez no se les informó que era un producto híbrido, de por vida, que cotizaba en el mercado secundario, ni se les informó del elevado riesgo que tenía.

El fallo indica que no se les informó de forma clara, comprensible y completa ni cuando fueron adquiridas las preferentes, año 2009, ni después. Añade el juez que a principio de ese año se empezó a advertir de la posible situación de Bankia. Abusaron de la confianza de los usuarios colocando un producto totalmente inadecuado para personas con una situación personal bastante delicada.

También, el fallo refleja que no se cumpliera las exigencias que se requieren por la normativa MFID. El test de conveniencia lo tenían redactado y sin firmar por la mujer. Pero sí firman otro documento, con una redacción muy compleja, en el que admiten reconocer los posibles riesgos, en contra de la información verbal que se les dio. El mismo comercial de Bankia tuvo que reconocer en el juicio que les colocaron las acciones preferentes como producto seguro, bastante rentable, con liquidez y disponibilidad en cinco días.

Según reconoció el empleado en el juicio, tenían que venderlas como se les indicada desde la central de ventas, sin informar de los riesgos del producto. Incluso comentó en el juicio que adquirió para él mismo algunas acciones preferentes y que de haber conocido sus riesgos no lo hubiera hecho y tampoco las hubiera recomendado.

Reconoció que el objetivo final era el fortalecimiento de los recursos de la entidad. Los comerciales no tenían ni la información, ni la cualificación para vender este producto.

El juez explica que los clientes a los que se les vendieron las preferentes son clientes normales que destinan sus ahorros a sitios seguros, sin riesgos, con rentabilidad, que confían en la entidad y se dejan asesorar por sus empleados. Considera abusiva la famosa cláusula que deja sin ninguna responsabilidad a la entidad bancaria.