El anterior Ministro de Fomento, José Blanco, lo vendía como el gran triunfo de la marca España en el exterior. En octubre de 2011 se conocía que el gobierno saudí había adjudicado el AVE desde Medina a La Meca a empresas españolas. El reto, construir 450 kilometros de vías e infraestructuras, de los cuales, la mayoría de ellos transcurren por un hábitat hostil, el terrible desierto. Y una vez construido, nos correpondía suministrar los trenes y gestionar su funcionamiento por al menos doce años. Vamos un chollazo.

El consorcio de empresas formado por 12 compañias públicas y privadas, entre ellas algunas tan conocidas como Talgo, Renfe, Indra o Adif y el presupuesto aprobado más de 6.700 millones de Euros.

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Pues bien, ahora parece que este dinero no es suficiente, que los costes se van a ampliar consideráblemente y que lo que empezó como un sueño se está convirtiendo en una pesadilla. Entre los problemas que no se previeron, problemas políticos, problemas de gestión y problemas técnicos. Todo esto ha hecho que los retrasos acumulados ya sean de más de diez meses. Según afirma el diario La Voz de Galicia en su edición de hoy la actual Ministra de Fomento, Ana Pastor, está tranquila, a pesar de la demora y ha declarado que "el grupo español está cumpliendo sus obligaciones y que la obra va por buen camino a pesas del retraso en la entrega de la infraestructura".

Esta preocupante noticia se une a la de los problemas de otra empresa española, Sacyr, en las obras de ampliación del Canal de Panama.

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En aquel caso, la multinacional española tuvo que parar las obras por no poder cumplir con el presupuesto inicial de 3.200 millones de dólares y el incremento estimado se estimó en 1.600 millones de dólares (nada más y nada menos que el 50% de sobrecostes sobre el montante inicial estimado). El Gobierno de Panama, como era de prever, no se lo tomó muy bien y amenazó al consorcio liderado por Sacyr con rescindir el contrato.

Lamentablemente, todos estos ejemplos, en lugar de aupar a la marca España, lo que hacen es depositar una losa sobre la credibilidad de nuestras grandes empresas de construcción. Y, además, es una clara evidencia del escaso culto que nuestros constructores tienen a los presupuestos. Supongo que muchos de ustedes habrán sufrido en sus carnes la poca exactitud de un presupuesto cuando ejecutaron una obra a nivel particular, pero, además, la construcción pública también esta plagada de ejemplos que demuestran esta poca exactitud o sino que se lo pregunten a Tomás Gómez con el presupuesto del tranvía de Parla.