En los últimos años, dada la intersección de numerosos factores económicos negativos (como el estallido de la crisis económica hace casi una década) y la masificación de las redes sociales, ahora utilizadas por casi la totalidad de la población menor de cuarenta años, se ha vivido el auge del #Trabajo freelance, ¿pero qué entraña realmente ser un freelancer?

Un freelancer es la persona cuya actividad laboral consiste en la realización de tareas propias de su ocupación, oficio o profesión, de forma autónoma, para terceros que requieren sus servicios en momentos puntuales; generalmente estos le abonan su retribución no en función del tiempo empleado sino del resultado obtenido.

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Por norma general, ninguna de las dos partes llega a contraer una relación laboral ordinaria que los obligue a continuar la relación laboral más allá del encargo realizado. En ocasiones excepcionales, pueden firmarse contratos por obra o trabajo y cobrar por tiempo; esto es mucho más común en el ámbito de las tecnologías de la información.

Un trabajador freelance suele realizar sus tareas en lugares alternativos a una oficina tradicional, como pueden ser su casa, la cafetería de la esquina con acceso a wifi o trasladándose de ciudad en ciudad casi a diario. De hecho, una de los aspectos más valorados por este tipo de profesionales es la posibilidad de trabajar en pijama.

Un freelancer, siendo autónomo por definición, a menudo suele fundar nuevas PYMEs o cooperativas con otros profesionales de su sector, normalmente cuando su cartera de clientes ha crecido hasta necesitar personal para gestionarla o cuando buscan un medio de vida menos dinámico pero más estable (lo cual en la mayoría de ocasiones, no se asocia necesariamente con mayor comodidad).

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En conclusión, el freelancer es un autónomo más, si bien la mayoría suelen especializarse en ámbitos relacionados con la creación de apps o páginas web, la elaboración de contenido audiovisual (como los famosos youtubers) o la redacción, como un servidor.