No sólo nos ha impactado la desaparición de muchos cines en las grandes ciudades que se han convertido en Bancos o tiendas de moda, los nombres de los cuales necesitarían toda esta página. Nos impresionará que cuando empiece el año se cerrarán muchos negocios del pequeño comercio que empezaron cuando aún no habían nacido ni nuestros abuelos.

El diario El País enumera algunos de esos negocios que desaparecerán y cuyo local cambiará de dueño y de estética. ¿Es la crisis? Más bien esto y otros asuntos, estos últimos que duran décadas. El diario de Prisa cuenta que en 1964, el Gobierno franquista aprobó la LAU (Ley de Arrendamientos Urbanos), que beneficiaba a los dueños de locales con la prórroga automática del contrato de alquiler, con precios baratos para toda la vida.

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El polémico Ministro de Economía con Felipe González, Miguel Boyer, decidió reformar la LAU en 1985 para eliminar esa prórroga automática de contratos anteriores a éste año. Uno de sus sucesores, Josep Borrell, en 1994 la reformó de nuevo para que esas moratorias pudieran durar dos décadas más.

Y esas dos décadas ya han pasado, y los dueños de unos 200.000 locales se encuentran con que el alquiler subirá hasta 10 ó 20 veces más al mes, como la histórica Camisería Hernando, de la Gran Vía madrileña, que cerrará irreversiblemente por que tendría que pagar 30.000 € mensuales, habiendo pagado sólo 3.000. Un gasto inviable. E innegociable además, pues ni las aseguradoras ayudarán.

Los comerciantes afectados en Granada han suplicado que el Gobierno les haga una moratoria de al menos cinco años hasta que encuentren una salida, pero siguen sin respuesta.

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Y usan como excusa que propietarios de inmuebles desahuciaron inquilinos para dárselos a franquicias que pagan 7.000 € mensuales por 100 metros cuadrados de local. Las micropymes no pueden pagar esa cantidad, y por ello desaparecerán muchos negocios históricos del barrio histórico granadino.

En Barcelona, el cierre de negocios históricos ha llegado a aparecer en el prestigioso The New York Times, pero gracias a que uno de los comerciantes, Josep Maria Roig, pastelero de una saga que dura siglo y medio, puede asumir la subida del alquiler de 1.100 a 7.000 € por que también es fabricante para su tienda La Colmena. Espera salvar otro edificio de su propiedad, de estilo modernista, pero el Ayuntamiento barcelonés apuesta más por las grandes marcas por que ellas sí pueden abonar los alquileres astronómicos.

El problema es muy complejo por que muchos edificios pertenecen a Bancos, a fondos buitre y a grandes grupos que no tienen nadie para poder negociar con los comerciantes. Casi un 10 % del pequeño comercio español deberá cerrar, entonces, pues lo que cuesta el arrendamiento, junto con la nómina de sus trabajadores, equivale a casi todo lo que gana, y menos ganará con unos precios tan altos.

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El Café Central de Madrid, en la misma situación, dice que seguirá abierto hasta que llegue alguna citación judicial, y varios negocios han conseguido al menos el permiso del propietario hasta después de Reyes para cerrar.

Y así hasta el infinito… Todos temen que lo que conocíamos desaparecerá, pues todos esos locales serán ocupados por franquicias y centros comerciales, casi todos iguales, como llevamos viendo desde hace años en ciudades y pueblos, incluyendo los cines, por poner un ejemplo, al desaparecer los cines de barrio y de pueblo por las multisalas, si es que sus dueños pueden costear los carísimos proyectores digitales con 3D incluido.