Cada día vemos que las empresas ponen cualquier excusa para recortar derechos a los trabajadores. O salen empresarios de la CEOE que parecen competir a ver quién dice la mayor barbaridad, o el dueño de Mercadona igual. Todos queriendo dar ejemplo de lo que según ellos son trabajadores "como Dios manda", como se decía antes cuando la gente aún creía en un Dios, bondadoso o no.

Pero los que tenemos aún memoria, cuando empezaba la grave crisis económica mundial, saltó a los medios algo que en su momento indignó a los trabajadores de nuestro continente. En Junio de 2008, durante la Presidencia rotatoria de la UE por parte de Eslovenia, y coincidiendo con la arrolladora victoria en Italia de Silvio Berlusconi en su enésima vuelta a gobernar, se empezó a tramitar una medida que proponía una media de 65 horas semanales de #Trabajo a todos los trabajadores europeos, da lo mismo su profesión.

A alguien se le ocurrió viendo los llamados "opt-out" británicos, que según ellos deja libertad de elección al trabajador para hacer horas extras, equiparándolas con las guardias médicas en hospitales o lo que hacen transportistas y pescadores, cuyo trabajo puede durar días seguidos.

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Esto también se contaría ahí como tiempo trabajado, aunque no fuera productivo.

Los políticos conservadores fueron los más entusiastas, que se pusieron a glorificar esta medida, diciendo que ello defiende al trabajador o que ayuda a la flexibilidad laboral, aumentando la competitividad. O como decía el Ministro de Economía británico John Hutton, que se aseguraba que los trabajadores eran así más libres para poder ganar más sueldo con más horas de trabajo (o extras).

Los contrarios a esto decían que con tantas horas de trabajo es imposible conciliar vida laboral y cotidiana, sobre todo los trabajadores con hijos o que quieren casarse y formar familias. No le faltaba razón, ya que cualquiera que analizara esto sin ser experto en Economía se daría cuenta de que, si un trabajador trabaja de sol a sol, por poner tres pequeños ejemplos, no tendría tiempo de ir al cine a ver las superproducciones rompe taquilleras, ni ver la televisión, afectando ello a los programas de grandes audiencias, ni tampoco tendría tiempo de ir a comprarse ropa a los grandes almacenes.

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Tres actividades que mueven muchos millones, por cierto, no es tan descabellado elegirlas como ejemplo, industrias en sí mismas con sus correspondientes trabajadores, y dependen del currante que vaya a estos tres sitios. Estaría demasiado cansado después de cada día para prestarles atención.

Los expertos ponen el acento en que los trabajadores, cuantas más horas seguidas trabajen, menos cuidado pondrán en su seguridad, al disminuir los reflejos por el cansancio. También son más propensos a enfermedades laborales. La OIT dice que cada año mueren dos millones de trabajadores en el mundo por esto. Imagínense si se trabaja sin parar.

Cuando llegó la hora de votar esta reforma, hubo mucha división entre la derecha y la izquierda europea, ya que había algunos partidos de izquierda que apoyaban la medida y otros de derecha que la rechazaban. No se sabe si por inquietudes sociales o por estrategia electoral. Después de varias votaciones en distinto, la medida de las 65 horas fue rechazada definitivamente.

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Fue de las leyes sin aprobar más impopulares de la UE. #Unión Europea