Ayer dimitió la ministra de Sanidad, no como consecuencia de su incompetencia en la lucha contra la expansión del VIH, según los datos proporcionados ayer mismo por el propio Ministerio, que reconocían la falta de resultados de todas las medidas adoptadas en la prevención del SIDA. Tampoco había dimitido ni sido cesada la ministra Mato por los fallos en la gestión de la crisis del ébola, como tampoco ha perdido el puesto por no conseguir acabar ni disminuir siquiera la lacra de la violencia machista (también competencia de su ministerio).

Tampoco había tenido #Ana Mato la dignidad de acompañar la dimisión del ministro Gallardón cuando a ambos les paralizaron la reforma de la ley del aborto que tramitaban a medias los ministerios de Justicia y Sanidad.

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Ana Mato ha perdido el cargo cuando ya se hace inevitable su implicación judicial como beneficiaria (aunque no imputada) de las corruptelas de su ex-marido. Utilizando el chascarrillo de este caso, Ana Mato puede no tener culpa de cómo ha llegado un coche de lujo al garaje de su casa (y otras muchas prebendas) pero, en cualquier caso, el Jaguar estaba allí y ella no podía no saber qué hacía allí.

La resolución de ayer del juez Ruz que da lugar a la dimisión de Mato se produce, además, dos días después de que estuviesen prestando declaración ante el mismo juez (porque no deja de ser el mismo caso, el caso #Gürtel, la presunta financiación ilegal del Partido Popular) los dos últimos alcaldes de Toledo y otros funcionarios, para tratar de averiguar si la presidenta Cospedal financió su campaña electoral de 2007 con dinero proveniente de la empresa contratista de la limpieza de la capital castellano-manchega.

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Utilizando una regla de tres sencilla, si un día una resolución judicial estima que Cospedal se ha beneficiado en la financiación de su campaña por los mismos medios que se pagaban los cumpleaños de los hijos de Ana Mato, Cospedal debería perder su puesto igual que lo ha perdido Mato. En este sentido, no hay que olvidar que el ex-alcalde popular José Manuel Molina sigue estando imputado por ello.

Son sólo dos de las múltiples noticias que sobre corrupción asolan a la sociedad española, con la circunstancia de que afectan directamente a la financiación del Partido Popular, el gobernante en España, el que preside Mariano Rajoy que, sin embargo, ha tenido el cuajo de ir al Congreso a presentar un paquete de medidas contra la corrupción, medidas totalmente inconsistentes e inútiles, empezando su discurso afirmando que España no es un país corrupto y que la mayoría de los políticos son personas honradas.

Seguramente tiene razón Rajoy, en lo que se refiere a España, los españoles debemos ser tan decentes y sufridores que somos capaces de estar soportando la casta podrida que nos gobierna sin que haya todavía un estallido social grave.

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Pero más le valdría al Presidente averiguar lo que opinan la inmensa mayoría de los españoles sobre la corrupción del sistema político español en general y del Partido Popular en particular.

El efecto de lo que está pasando es tan devastador que, por ejemplo, hoy alguna empresa andará preguntándose por qué es tan tonta que no ha sobornado a algún concejal para conseguir el permiso necesario para instalar la antena de wifi que necesita su empresa, también puede ser que el concejal correspondiente esté preguntándose por qué es tan tonto como para conceder el permiso a cambio de "algo". Así está España y su Gobierno. No es que haya corruptos, hay un sistema corrupto. #PP