Cada coleccionista encuentra el placer en las piezas más insospechadas, todo depende de sus particulares gustos. Algunos se centran en un área más amplia, como las hermosas monedas de oro españolas, mientras que otros, un poco más exigentes van en busca de piezas únicas, como es el caso de los coleccionistas chinos que se han especializado en los meteoritos.

Al parecer este hobby se ha vuelto muy serio y no es accesible para personas sin exorbitante capital, pues los reportes actuales han demostrado que los nuevos ricos chinos han puesto a disposición de su colección toda su fortuna, solo por la experiencia exclusiva de adquirir un pequeño fragmento de meteorito.

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Nadie hace unos años hubiera imaginado los altos precios que podrían adquirir unas rocas y el vuelco en los productos de mayor demanda en el mercado mundial.

Estas rocas que alcanzan la superficie de la Tierra, debido a que no se desintegran por completo en la atmósfera han llamado la atención, entre otros millonarios, al empresario Tong Xianping, de 50 años. Para él esta es una manera sensata de gastar su fortuna, es una actividad menos artificial que la compra de coches de lujo, ropa de diseño y viviendas opulentas.

Tong enseña orgulloso una valiosa joya de su colección: un pedazo del meteorito Seymchan. Según sus argumentos, este fue parte de un meteoro que cayó en una localidad rusa, una piedra con miles de años de antigüedad de 176 kilos. Alega que cada vez que adquiere una de estas piezas, son noticias que recibe del espacio.

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Hasta ahora se ha gastado un millón de yuanes (128.000 euros).

Sus vitrinas son su mayor tesoro. Posee decenas de especímenes y las pone a disposición de un espacio expositor en Urumqi, la capital de la región autónoma de Sinkiang en la República Popular China, al noroeste del país, en la Zungaria. Monica Grady, científica de la Open University británica, destaca las relaciones de cooperación de la institución en la que trabaja con los coleccionistas para verificar la autenticidad de los descubrimientos, a cambio solo solicitan un pedazo de la roca.

Lo más asombroso es el alcance de los intercambios de los meteoritos en un mercado globalizado pero limitado. Los mejores especímenes pueden costar varios centenares de miles de euros en subastas muy disputadas. Y lejos de ser una actividad penalizada los científicos que estudian los meteoritos consideran positivo el comercio de los mismos.

Los coleccionistas, en la mayoría de los casos se encuentran a merced de falsificaciones, que pueden o no ser determinadas. El apetito competitivo por los especímenes más raros ha impactado el mercado, por lo que en muchos casos los interesados se lanzan a las aventuras expedicionarias a través de los más exóticos lugares en el mundo.