Por primera vez desde la Guerra Civil, el año próximo, en España habrá más muertes que nacimientos. Es, por supuesto una proyección estadística que no deja de tener un cierto ejercicio de ciencia ficción o de adivinación, pero está hecha con datos objetivos y criterios científicos. Hay otros muchos estudios y proyecciones que vaticinan que, en los próximos años, no sólo seguiremos perdiendo población, sino que viviremos en sociedades cada vez más envejecidas.

Sin entrar en cifras pormenorizadas, que no dejan de ser proyecciones de futuro y, por tanto, modificables en cualquier momento por la realidad, un simple vistazo al entorno vital de cada uno, nuestras ciudades o a nuestras calles, nos permite contemplar un panorama que no tiene discusión: cada vez nacen menos niños, cada vez vivimos más, en consecuencia, cada vez estamos en sociedades más envejecidas y, como los viejos, por mucho que alarguemos la vida, al final siempre acabamos muriendo, el resultado será más muertes que nacimientos, es decir, disminución de la población.

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Y no sólo disminuye población, peor aún, población envejecida, población fuera ya del mercado laboral, pensionistas, en términos económicos, más cargas sociales. Economías con cada vez menos personas activas deberán soportar cada vez más población pasiva.

Hay dos soluciones lógicas a esta problemática, la primera, lógicamente, más nacimientos, políticas que incentivasen la natalidad fiscal y económicamente, incluso con ventajas laborales para los padres jóvenes. Nada de ello se hace en España, más bien todo lo contrario, es uno de los países del Mundo desarrollado con menos ayudas a la natalidad. La segunda solución sería la inmigración.

En cuanto a lo que está sucediendo en España en movimientos migratorios se puede considerar demencial. Por un lado, resulta que hemos vuelto a ser un país de emigrantes, pero hoy somos un país de emigrantes "de calidad", la generación de jóvenes mejor formada de la historia de España, con sobrada preparación universitaria, está emigrando por miles cada año pues en España no son capaces de encontrar un trabajo acorde a su preparación.

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Al mismo tiempo, estamos recibiendo inmigrantes, en muchos casos de forma ilegal, con escasa cualificación profesional (o no) para realizar tareas que los españoles no queremos realizar a pesar de ser una de las naciones con unos índices de paro mayores y más insoportables.

Porque, además, los inmigrantes que vienen, al hacerlo en muchos casos de forma ilegal, tratamos de que no vengan y, si llegan y se les descubre, deben ser repatriados y, en cual quier caso, al realizar tareas ilegales tampoco producen cotizaciones legales, tampoco generan riqueza sostenible.

Es decir, que envejecemos y emigramos al mismo tiempo que ni nacemos ni recibimos inmigrantes de forma adecuada. Estamos condenándonos a la desaparición. No hará falta disolver España porque catalanes o vascos se independicen. Tampoco desaparecerá España porque el Estado Islámico consiga conquistarnos y convertirnos en Al-Ándalus. Con la macha que llevamos simplemente dejaremos de existir nosotros mismos. #Crisis #Jubilación