"Pensé que las tarjetas sí se declaraban. Nadie me dijo nada", palabras de Miguel Blesa, penúltimo presidente de Caja Madrid, por su parte, el último, Rodrigo Rato, ha declarado "No quise cometer irregularidades. Todo está mal, pero yo no lo sabía". Repito, son palabras de Miguel Blesa y Rodrigo Rato, presidentes de la entidad. Probablemente sea una estrategia defensiva ante las imputaciones a las que tienen que hacer frente, sería tratarnos como tontos, insultarnos en cierto modo, pero sería lógico, sería asumible razonablemente desde el punto de vista de que cualquier acusado de cualquier delito, siempre, se defiende como puede.

Y también cabe la posibilidad de que digan verdad, que ciertamente no supiesen nada, que incluso pensasen que todo se estaba haciendo correctamente.

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Sería mucho peor, infinitamente peor. Sería la explicación de porqué ha pasado lo que ha pasado y de por qué estamos como estamos. Lo de Miguel Blesa es grave, ha sido presidente de la entidad durante durante 13 años, sin duda tuvo tiempo de sobra para saber qué se hacía y cómo en la entidad, Rodrigo Rato ha estado menos tiempo en la caja, pero tampoco es ningún ignorante, el personaje ha sido, entre otros cargos, vicepresidente y responsable del área económica del Gobierno de España y Director Gerente del Fondo Monetario Internacional.

¿Alguien cree posible que el Presidente del Consejo de Administración de cualquier pequeña o mediana empresa ignore las tarjetas que se usan con cargo a su empresa, quién las usa y el tratamiento fiscal que tales tarjetas tienen? ¿Alguien lo cree posible en cualquier entidad financiera privada? Teniendo en cuenta, además, que los propios Blesa y Rato eran, ellos mismos, usuarios en primera persona de dichas tarjetas.

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Admitiendo que puedan decir verdad, ¿a qué dedicaban estos señores su tiempo en la Presidencia de Caja Madrid? ¿Por qué trabajo cobraban el sueldo que, legalmente, cobraban de la Caja?

La respuesta a estas preguntas es que ellos estaban para otras cosas, que las gestiones a las que dedicaban sus esfuerzos eran de más alto nivel, que lo de las tarjetas son minucias en las que un Presidente de su categoría no podía perder el tiempo y que para eso estaban otros profesionales de la entidad. Lo peor de todo sería, repito, que dijesen verdad, sería aún más inadmisible que el que nos estuviesen engañando.

Serían la demostración de que las cajas de ahorros en España han sido lo que han sido, instrumentos para la manipulación la confabulación políticas, y no lo que deberían haber sido, herramientas públicas para mejorar la economía de las sociedades en las que trabajaban. Es oportuno recordar en este sentido las cruentas batallas políticas libradas por el control de Caja Madrid, incluso entre miembros del mismo Partido Popular, Alberto Ruiz Gallardón, alcalde de Madrid, y Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad, pelearon brutalmente durante años por colocar a sus respectivos candidatos en la Presidencia de la Caja, dejando claro que el interés por controlarla era un interés político no exactamente vinculado a la mejor gestión de la entidad.

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Así claro, los presidentes estaban a lo que estaban, satisfacer los intereses políticos de sus padrinos patrones, y no a lo que deberían haber estado, controlar y gestionar lo mejor posible el funcionamiento de sus empresas. #Evasión fiscal