En el ámbito de la confrontación política existen tres partes. A saber, las partes litigantes y el marco legal. Abundan en política los enfrentamientos entre dos partes que piensan y luchan defendiendo generalmente ideas opuestas. En el arte de la política no existe ni David ni Goliat. Se trata de basar la estrategia dentro del marco jurídico establecido(En ningún caso un marco por establecer) que finalmente dará la razón a uno o a otro.

En ajedrez cada pieza está limitada por la mecánica de su propio movimiento y el objetivo es ganar al oponente respetando los normas del juego; Del mismo modo, en política las partes litigantes han de ceñirse al marco jurídico.Una vez comprendido esto, cada parte deberá basar su estrategia según su estilo.Lo dicho, en política menos hablar y más calafatear. 

Por ejemplo, en el litigio de España contra la consulta soberanista de Cataluña (Insisto, contra la consulta soberanista de Cataluña no en contra de Cataluña) ambas partes deben esgrimir sus argumentos en base a la estrategia que elijan seguir. Eso sí, hay que tener en cuenta que al igual que un gran barco para llegar a su destino debe ser bien calafateado antes de partir, cada parte deberá preparar su estrategia valorando los posibles movimientos del contrario siempre desde el respeto al estamento jurídico que hará las veces de árbitro de la contienda. 

Todo discurso fuera de estrategias bien calafateadas está de más. Y sin embargo hacer ruido a menudo resulta parte de las prácticas políticas. En Cataluña sabemos mucho a cerca de esto. No en vano el Tamboriler de Bruch, fue capaz de espantar a todo un ejército con su retumbar aprovechando el eco de las montañas. 

En cualquier caso, este artículo está escrito desde el respeto por la legitimidad de cada uno de elegir y usar la estrategia política que crea oportuna, y desde el deseo de que cualquier combate político sea producido desde el juego limpio y el respeto por las normas. Mentiría, si dijese que creo que a las personas no nos sobra un poco tanto jaleo.