Hace unos años oír la noticia de la bajada del precio del crudo producía un efecto de relajación en la población. El combustible bajaba de precio y relajaba la inflación galopante a la cual nos estaban sometiendo durante las décadas 80 i 90. Pero hoy el paradigma es completamente contrario, los precios se han estancado y los salarios se desploman; aunque de entrada parecería que una posible bajada de combustible aligeraría la vida de la ahogada población, las consecuencias de fondo son mucho peores de lo que nos parece.
Bajar el precio del petróleo no implica una bajada de la misma magnitud del precio del combustible. Este desajuste se debe en buena parte a la existencia de un Dumping encubierto (acuerdos globales de dominancia del mercado para evitar la competencia) y consentido por el gobierno por parte de las distribuidoras principales; pero básicamente la causa es que las distribuidoras están vendiendo el petróleo extraído hace varios meses y comprado algunos meses antes de la extracción, es decir comprado a precio de enero o diciembre.
Pero el petróleo tiene un precio artificial. Cuando se creó la OPEP que agrupaba los principales países que disponían de petróleo, se creó un mega Dumping que acabó con el mercado, si bajaba el precio se paraba la producción y este volvía a subir. Desde los años 70 la economía energética mundial ha estado captiva de las decisiones de estos países.  Aunque ahora es diferente la mayoría de estos países se han impuesto unos planes económicos que sólo son viables con un flujo constante de petróleo, lo cual aunque el consumo haya bajado por la crisis no hay manera de ponerse de acuerdo en bajar la producción. Por otro lado el precio alcanzado por el petróleo, más las mejoras tecnológicas y nuevas técnicas de extracción como por ejemplo el Fracking; han inundado el mercado de petróleo no controlado por la OPEP.
La consigna es mantener el precio como sea, otra opción sería un desastre. El petróleo se ha convertido en un valor refugio. Hoy el petróleo se compra a años vista (mercado de futuros), y con este petróleo aun por extraer y con incierta posibilidad de consumo; se sustentan planes de pensiones, bancos, estados y todo tipo de grandes corporaciones. La caída del precio conllevaría la pérdida de valor de todo esto, y no solo esto también lo que se apoya en ello.
El desastre es inevitable. La reducción de emisiones significa bajada masiva del consumo de petróleo; y en cambio las petroleras y estados productores necesitan no bajar la facturación si quieren mantener sus balances vivos. Obviamente esta reducción se intenta aplazar el máximo posible en el tiempo, pero ya no hay tiempo porque el cambio climático ya no llama a la puerta, está entrando. Pero todo este esfuerzo es inútil porque el consumo está cayendo igual, la crisis ha reduce el número de consumidores, los coches y sistemas energéticos son más eficientes; acumulándose el petróleo almacenado y parando la demanda incluso en puertas del invierno en el hemisferio norte.
Significativo es que la familia Rockefeller abandone el negocio que los hizo millonarios; y hay más movimientos en esta dirección. Hoy el petróleo, así como el carbón y  el gas, están empezando a tambalearse. Hace años que expertos anuncian la más que probable Burbuja del Petróleo y que ésta cuando estalle será más devastadora que la del ladrillo o la financiera; aunque este país sigue dando prospecciones a REPSOL en una política de verdadera gallina descabezada.