En la actualidad los políticos ven como desacatar el dogma del partido implica castigo y expulsión.

Conceptualizarse a uno mismo como seguidor de un cierto dogma político no es nocivo si expresa tendencia de pensamiento. El deber de tener que acatar un dogma de partido por obligación si lo es, tanto en cuanto las personas somos tendentes a opinar de diferente forma.

Las decisiones de partido deben ser consensuadas para que los políticos no tengan la necesidad de botar en contra de su propia ética o moral. Es más, seguir un dogma por obligación y no por convicción, invita a actuar de forma mecánica.

Los acontecimiento se expresan en titulares aparecen los medios de forma burda; no obstante es el devenir sutil de los acontecimiento el que marca la actualidad política de cada país. Dentro de este devenir sutil, la flexibilidad de pensamiento de ámbito político es herramienta indispensable a la hora de reaccionar ante los diferentes panoramas políticos que se van presentando. Es propio de un país maduro valorar y reflexionar acerca de unos los dogmas y el efecto que las acciones que de ellos surgen. Si tienden a la flexibilidad o por el contrario son causa de rigidez política y por ende de torpeza manifiesta.

Este mundo necesita flexibilidad para poder responder a los desafíos que el mismo presenta, que a simple vista son varios y peliagudos. Tener esperanza y confianza en los dirigentes de nuestra nación es el desafío, que según esta, la mano que escribe, representa pieza fundamental para la buena marcha de una nación.

Una sociedad pro activa, capaz de mirar al rededor sin sentir temor es contraria a una sociedad reactiva. Obviamente las acciones que nacen de pro actividad serán mejores que las que surjan de la re actividad. Pues gozará de las características manifiestas de la flexibilidad de acto y de su eficacia. La clase dirigente, léase: los políticos debieren asentar esta forma de actuar, modificando dogmas según una percepción a tiempo real de las necesidades del momento, siguiendo políticas de carácter no reactivo. Similar a no cortar la cabeza al pollo.