Hace unos meses, el ministro Wert llegó a decir algo que no se lo cree ni él, pues no es tonto en absoluto: que el aumento de la carga docente por profesor no afecta a la calidad de la docencia. Extraño concepto de la capacidad de carga.Tampoco dice nada acerca de lo que puede afectar a la capacidad de investigación e innovación el tener que adelantar uno mismo, desde la nada, los dineros.

Hay muchos modos de hacer de menos a alguien. El modo más ramplón de hacer de menos a un colectivo es el que este gobierno en general ha aplicado al gremio docente e investigador y, por extensión, a los estudiantes.

A pesar de este ministerio wertiano, y por suerte para lo poco que queda del "estado del bienestar" (que no es ni un estado real ni le va bien a casi nadie), los investigadores y docentes no quieren ni deben obrar ni discurrir a expensas de eyaculaciones desatinadas de mandados ideológicos que ocupan el lugar de gobernantes.

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Los científicos, docentes e investigadores, a menudo becarios, a veces ni eso, se costean a menudo, mientras pueden ellos o sus familias, su propia actividad académica y científica. O en el peor de los casos ni pueden acometerla. Y no serán pocos políticos y patronos (y patronas) demagogos/as que dirán que para lo que producen mejor que se queden en casa. Pero aun así, son productivos. Están obligados a ello, sí, pero además producen por vocación.

Algunos de los "servicios" que prestan a la sociedad los docentes, estudiantes e investigadores universitarios o de entidades no universitarias: preparar y dar clases; estudiar para formarse de manera continua en sus materias y en cómo impartirlas mejor (los profesores son siempre estudiantes, aunque los estudiantes a menudo son también maestros); formar a nuevas generaciones de científicos, técnicos, lingüistas, humanistas, artistas; guiar a los alumnos durante su preparación; tutorizar; investigar y publicar lo investigado (si no, de poco sirve); escribir; divulgar; concebir y preparar proyectos y buscar financiación; resolver trámites burocráticos relativos a sus proyectos; establecer contactos, crear sinergias, redes y grupos para la innovación y el desarrollo, transferir tecnología a las empresas,...Wert y otros parecen no albergar la más remota idea de lo que le cuesta a un profesor llegar a serlo y después seguir siéndolo.

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Lo que es más importante, mucho le está costando al país, y más que se va a notar, el trato dado a científicos, investigadores, docentes y estudiantes de todos los niveles. El mal causado no revierte fácilmente a corto plazo, y puede que ni a largo. En cambio, el beneficio de estos tijeretazos tan inoportunos, si es que lo hay, ya lo está cobrando el país del extranjero al que emigra el científico, o el artista, o el inventor del nuestro.

A mayor número y calidad (hay medios objetivos de sobra para evaluarla) de tesis doctorales leídas, de proyectos conseguidos, de publicaciones y patentes de investigación en una #Universidad, de transferencia tecnológica y de conocimiento a la sociedad, más recursos económicos (y de otra índole) podrá ésta atraer y poner en activo para sí misma y para la comunidad donde se asienta. Pero cifrar el valor de una universidad únicamente en lo económico, la mercantilización a ultranza de la Universidad, es una trampa. Se ha asentado hasta en la parla callejera el término "competitividad".

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Los políticos lo pronuncian sin que se les aplique ninguna tasa, y desde el comienzo de esta legislatura existe un ministerio con el nombrecito. ¿Por qué se emperran los políticos y representantes institucionales en la competitividad de la Universidad y de los centros de investigación, si luego no les proporcionan los medios para estar a la altura, o si, peor aún, se los retiran masivamente? Así está Grecia también, incluso peor: a los docentes griegos les han sacudido de lo lindo y ya les sustraen hasta el 40% del sueldo. Pero no debemos mirarnos en los peores ejemplos o llegaremos a ellos por simple inercia.

#Investigación científica #Educación