Un márqueting honesto podría ser la solución a las contradicciones que encuentra el consumidor un vez ha realizado la compra.

Muy al contrario de los que algunas empresas pretenden hacer creer al consumidor, un objeto inanimado carece por completo de personalidad, por este motivo es incapaz por sí mismo de inducir bienestar o falta del mismo en su ausencia. El condicional si compras esto serás esto, ha sido recurso repetitivo en las estrategias de venta, en donde las marcas han pasado a ganar en peso específico relativo a la importancia a la persona que las usa.

Es cierto que determinados objetos inanimados nos facilitan la vida y por ende deben recibir nuestro reconocimiento.Son los llamados objetos útiles. y son útiles por que son relativos a la realización de alguna actividad vinculada que aporta al consumidor un remanente positivo. De este modo las llamadas marcas cumplen su función atributiva de complementariedad que aquel que las usa: bajo ningún concepto responden a criterios de subjetividad. Si fuese así, la persona que llevara una marca pasaría a segundo plano en importancia, cumpliendo funciones meramente atributivas a la marca que viste.

Por lo expuesto con anterioridad, podría ser considerada la posibilidad de vender productos otorgándoles la etiqueta de complementariedad no condicionada a su uso. Caerían por el suelo todos aquellos mensajes tipo, si no usas ese desodorante pasarás desapercibido para el resto de la humanidad, o lo que es peor, el resto de la humanidad te rechazará por el olor fétido de tu axilas.

Esta, la mano que escribe, opina que sería positivo equilibrar el contenido de los mensajes publicitarios pues los objetos inanimados, por sí mismo carecen de personalidad, y por ende carecen de poder sobre el deseo de tenerlos, cambiarlos o dejar de tenerlos, y la inquietud que ello comporta. Y sin embargo a nadie le amarga un dulce, por lo que la publicidad sigue teniendo su razón de ser. Una publicidad honesta debería carecer de los atributos de condicionamientos que impulsen al comprador a acciones de commpra compulsiva.

Quizás debiera ser meramente descriptiva y desprovista de vinculaciones personales de índole bueno, malo, mejor que... Al fin y al cabo el consumidor consumirá de forma natural todo aquello que le sea útil en el momento que le sea útil y condicionado por su propia voluntad.

Entonces, ¿para qué malgastar recursos intentando convertir la venta en predación? La única información que necesita el consumidor es cómo funciona el objeto, qué utilidad tiene y donde conseguirlo. La marca pasa a un segundo plano como identificador convencional de situación.