Durante décadas hemos visto que la razón de existir del capitalismo es la propiedad privada, es decir, el derecho por posesión al disfrute de los beneficios de tener coche, casa, electrodomésticos y demás, de uso propio y exclusivo. Por otro lado el proceso de globalización asociado a la expansión de las multinacionales a inducido cambios en el ámbito laboral de características salariales y ubicacionales específicas. Es decir, se cobra menos y la ubicación del personal está cada vez más sujeto a la ubicación internacional de las necesidades de las multinacionales.

Este conjunto de circunstancias son relativamente nuevas y tienen implicaciones que conviene abordar por el bien común. Por un lado, querer optar a un estatus social medio alto es algo humano y lícito. Pero... ¿Qué sentido tiene esto si genera dispersión familiar? Es decir, si el que tiene la suerte de poder optar a un puesto de trabajo de remuneración media debe alejarse de su hogar ¿Cómo hará para beneficiarse de los beneficios vinculados a la proximidad de la familia? La respuesta obvia, es que no lo hará.Dicho esto conviene, replantearse un sistema capitalista en el que las familias que así lo deseen puedan beneficiarse de ambas facetas. A saber, del beneficio de uso y disfrute de la propiedad privada y del beneficio de uso y disfrute de los bienes intangibles que supone vivir en familia.

Estoy escribiendo estas palabras y resuena extraño mezclar palabras como capitalismo y familia, y sin embargo en esta reflexión está en juego la desaparición del concepto tradicional familia o del propio concepto de capitalismo. Sería prudente considerar un sistema en el que ambas no sólo puedan coexistir sino que puedan hacerlo de forma armónica y constructiva la una para la otra.

Son muchos los hombres y mujeres que han renunciado a la proximidad de sus seres queridos asumiendo tan solo el rol de suministradores de capital. Que es un rol muy digno. Pero la vida pasa y es triste perderse lo mejor de ella, pues los seres humanos sí, somos ante todo tribales desde los albores de la existencia y cada uno ha cumplido su papel con máxima dignidad. Pero si no me equivoco, el capitalismo al igual que la familia existirán hasta el momento en el que estas hermosas palabras tengan su razón de ser. Convido pues a los responsables públicos tener a bien leer estas palabras con cariño. Y al bondadoso lector difundirlas por si de algo sirven.