Pese a la grandeza que se le da al denominado vil metal, hay algo que todos debemos aprender nos guste o no: el dinero no salva de la muerte. Puede distanciar la marcha en cuestión de tratamientos médicos, de procedimientos que impidan el paso al otro mundo. Pero realmente, la muerte no se deja engañar por lo abultada que sea la cartera de nadie.

El pasado diez de septiembre Emilio Botín, falleció. Tras su muerte, un funeral como si se hubiera muerto un jefe de estado y no el dueño de un banco y poco más. ¡Fue como ver un espectáculo que no lográbamos entender! Mientras en España cada vez hay más menores que entran en estado de pobreza, nuestro país rindiéndole "honores" a un hombre que sólo era un banquero, y que, sin lugar a dudas como todos los que trabajan en banca, fue uno de los principales culpables de la crisis económica que sufrimos.

Anuncios
Anuncios

Eso sí, la semana anterior a su muerte, fue recibido por el presidente del gobierno, #Mariano Rajoy, que tras conocer la noticia, comunicó que había sido un gran "mazazo" (si yo cogiera un mazo se iba ha aprender Marianito lo que es un mazado de ley y desde arriba con toda la rabia acumulada por lo que su gobierno y él en primera persona, nos han arrebatando a base de ser ladrones de guante blanco con impunidad frente a la ley).

Botín a parte murió sólo en su apartamento de la sede del Banco Santander en Boadilla, Madrid, pues el dinero, pese a ser mucho, no da calor ni compañía.

Todos los periódicos le dedicaron grandes elegíos, como si olvidaran que pese a su gran olfato empresarial, Emilio era un hombre sin reservas y sin interés intelectual. Sólo le preocupaba ganar dinero e invertirlo fuera de España, como es lógico para un español de renombre.

Anuncios

También una parte de lo que ganaba, lo reinvertía en sí mismo, en librarse de la muerte intentando alargar su vida con costosos tratamientos de salud como si alguien pudiera burlar a la muerte por alardear de unos cuantos fajos de billetes. Pero no, sólo y de forma inesperada, se topó con la muerte de ella y esta le ganó la batalla.

Orgulloso, desde donde buenamente haya acabado su alma, habrá visto lo que se organizó para su último adiós. Eso sí, tras todos los elogios, las lágrimas y demás, un cuerpo que se corrompe, como todos los cuerpos sin vida, en un lugar más triste del mundo, donde todos acabaremos cuando llegue nuestra hora, ricos y pobres, pues la parca no distingue por lo que uno tiene.

Muchos fingieron dolor. Otros se alegraron con su despedida. A otros, el hambre les impedía no pensar. A muchos otros todo le dio igual. ¡Es sólo un hombre muerto! Nada más.

Si de aquí un año nadie de los que te rindieron pleitesía recuerdan que te fuiste, sin lugar a dudas es que nunca le importó ni que vivieras, ni que te fueras.

Anuncios

En un poema de Gustaba Adolfo Becquer se decía: "¡Que sólo se quedan los muertos!". ¿Qué quiero decir con esto? Que de poco se distingue la vida de la muerte si cuando la pierdes y cuando la tuviste por última vez, es igual salvo que antes un corazón latía y por tus venas, la sangre corría.