El crédito personal sin garantías de aval ha pasado a la historia. Es así. Volvemos a los tiempos en los que si tengo compro y sino espero a tener. Y sin embargo sería un error quedarnos en este estado. El crédito en sí no es el objetivo. El derecho al crédito, si lo es, pues denota consistencia financiera y solvencia. Elementos deseables desde cualquier punto de vista. La falta de crédito a los insolventes pues tiene su razón de ser. Y la misma es descubrir los entresijos y fórmulas de todos aquellos que si son dignos de él: Los solventes.

¿De qué manera ha hecho esta o aquella persona para ganarse este ansiado títulos nobiliario? Es el pensamiento que trasciende al llanto de todos aquellos que quedan petrificados ante la negativa de recibir crédito para sus proyectos. Y es que ¿Cómo no? Ellos también tienen derecho a disfrutar de las comodidades de la vida pero antes deberán comprender lo mecanismos de este noble arte que es el del reconocimiento ajeno de la solvencia.

Alguien es o ha sido solvente cuando ha disfrutado de los beneficios de la acumulación y la previsión.El principio de los tres tercios fué explicado no hace mucho por un catedrático doctorado en economía. De todo lo que recibas un tercio para vivir, otro tercio para guardar y otro tercio para invertir. Suena fácil ¿Verdad? No lo es. Cuando alguien pierde credibilidad ante el capital, no recibe lo suficiente para vivir y cuando esto falta morir o robar parecen las dos alternativas coherentes.

Y es que el capital en sí mismo tiene la responsabilidad doble de financiar y no ser malgastado, y para ello debe mantener un sutil equilibrio entre lo que necesita el ente a financiar y lo que él mismo puede ofrecer, puesto que si ofrece menos de lo que necesita el ente deficitario corre el doble peligro de poder llegar a ser ser urtado o pagar los costes de un funeral que el muerto obviamente no pagará.Por el contrario si ofrece más de lo que puede corre el riesgo de convertirse en ente deficitario y caer en la dependencia del crédito ajeno.

No andaban mal encaminados nuestros abuelos cuando andaban con un buen fajo de billetes en el bolsillo y pagaban por adelantado y en efectivo todo aquello que compraban y sin embargo eran capaces de mantener el equilibrio perfecto entre lo que tenían, lo que debían conservar y lo que conseguirían ahorrando durante cierto tiempo. #Unión Europea