En lo que a la economía se refiere, siempre se nos ha contado que tenemos dos posibilidades:

El capitalismo, una selva teórica en la que cada uno sobrevive por sus propios medios y en la que se asume que si no logras obtener el éxito es porque no eres lo suficientemente bueno. Sencillamente el sistema te ha seleccionado para tu extinción.

El comunismo, una cárcel de la libertad en la que entregamos nuestra vida a un sistema político que nos controla desde la cuna hasta la tumba, eligiendo nuestro trabajo, nuestra casa y hasta quién somos. Todo esto en virtud de la necesidad de sobrevivir en un mundo que quiere comernos vivos.

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Sin embargo, ¿qué pasa si los juntamos? No es que sea imposible, de hecho muchos de las ventajas reales de un sistema comunista no tienen en realidad nada que ver con el control total de la economía, sino que podrían llegar a establecerse en la base de un sistema capitalista sin que por ello tengan que resultar un problema para el libre mercado y China ya ha demostrado que el sistema capitalista se puede establecer en un estado comunista, con lo que solo tenemos que encontrar cuales serían las partes de cada uno de los sistemas que queremos incluir en el nuevo. Incluso podríamos permitirnos el lujo de mejorar ambos estableciendo puntos aún más extremos.

Por ejemplo, hacia la vertiente más liberal y capitalista de un sistema podríamos liberalizar la propia salud. Hemos asumido que las drogas deberían estar prohibidas aunque no existe un razonamiento oficial para llegar a dicha ilegalidad.

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No existe un riesgo social inherente al consumo de este tipo de sustancias (la droga zombi y demás barbaridades no entran en este argumento) y si podemos matarnos comiendo hamburguesas tres veces al día no veo porqué otras posibilidades no pueden legalizarse. Evidentemente no permitiríamos, por ejemplo, conducir drogado, pero tampoco lo permitimos borracho y eso no cierra los bares. Por supuesto habría que controlar su producción, establecer seguridad en su comercialización y tasar su compra. Realmente existe una relación entre tus necesidades médicas y tu consumo de este tipo de sustancias, pero la verdad es que incluso triplicando su precio legal con los impuestos lograríamos no superar su precio "en la calle". Seamos serios, los que quieren una droga la consiguen ¿no sería mejor que no se inyectasen mata ratas?

En el lado contrario de este balancín podríamos aplicar una política de ayuda a los que el sistema saque de la carretera, como pueda ser casas de acogida que puedan sostener a lo que lo han perdido todo por los vicios del propio sistema. En cierto modo sería una manera de justificar la selva.

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Sencillamente permitiríamos que la máquina funcione a plena potencia a cambio de que parte de las sinergias obtenidas de esta "plena potencia" vayan a alimentar el sistema de respaldo que evite que tengamos un cortocircuito. Llevando esta teoría al terreno de la implementación práctica podríamos establecer una serie de impuestos dedicados a puntos muy concretos y que permitiesen a la sociedad funcionar como un libre mercado a la par que mejorarían los lugares en los que el libre mercado falla.

Podríamos fomentar el transporte público interurbano haciendo que los gastos en dicho transporte público desgravasen, lo que descongestionaría las carreteras.

Podríamos crear una tasa negativa especial para las empresas que contraten a recién licenciados y les den una educación real en su cometido, que luego sería comprobada a través de un examen. Esto ahorraría dinero a las universidades en masters, permitiría a las empresas preparar a los recién licenciados para lo que realmente necesitan y permitiría a los universitarios ver una luz real al final del túnel de la crisis.

Existen muchas más propuestas y posiblemente fuera necesario un artículo más amplio para plantear, explicar, razonar y defender cada una de ellas. Sin embargo lo que realmente subyace en este artículo es la idea de que no hace falta ser comunistas o capitalistas, la economía debería servir a la población y no al contrario. Tal vez declarándonos de un bando u otro solo estamos cegando nuestras mentes en la adoración de ídolos dorados vacíos de contenido y utilidad. Yo propongo volver a empezar, con lo ya aprendido bajo el brazo, y construir para nuestros hijos un mundo que realmente puedan llamar suyo.