Los análisis económicos en Cuba tienen entre sus prioridades el perfeccionamiento del sector agropecuario. A pesar de su buen clima, y que más del 60 por ciento de su superficie sea cultivable, se importan anualmente más de 1.800 millones de dólares en alimentos que pudieran ser producidos en el país, resultando en un desbalance entre las importaciones y las exportaciones.

En los últimos años, teniendo en cuenta los resultados agrícolas, el gobierno cubano ha tomado la decisión de hacer grandes transformaciones estructurales que han resultado en la consolidación de un modelo de economía mixta y la integración de diferentes formas de propiedad y gestión.

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Los resultados de los campesinos privados, organizados generalmente en las Cooperativas de Crédito y Servicios (CSS), han provocado que se tengan en cuenta en las distribuciones de tierra en la planificación de la producción. Decisiones alentadoras anuncian estas cifras: estos productores pasarán de 18% al 35% de la tenencia de la superficie agrícola; mientras que las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC) disminuirán su participación de 37% al 30%.

Los asociados a las CSS, al parecer han pasado a ser todo un reto para la organización estatal, que… por su parte, ha enfrentado el grave problema de insuficiente autonomía.

A partir de la Primera Ley de Reforma Agraria de mayo de 1959, se pretendía que las UBPC fueran el resumen de lo mejor de las diversas formas de organización agrícola en Cuba.

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Sin embargo, estas se han convertido en el producto de un proceso de experimentación para solucionar las contradicciones acumuladas en la gestión del sector, donde los resultados económicos no se corresponden con los recursos puestos a su disposición.

El tránsito ha estado marcado por la sucesión de proyectos inconclusos como: las Granjas del Pueblo, las Empresas Municipales y las Brigadas Permanentes de Producción; al no lograrse los objetivos productivos, se pasaba de una forma a otra, sin miramientos.

Muchos especialistas atribuyen esos errores a la inconformidad ante la situación heredada y a la falta de experiencia en gestión económica.

Más tarde las autoridades pensaron en una transformación definitiva por el efecto de la mecanización y la quimización. Se destinaron grandes inversiones en estas ideas y se descuidaron los estímulos a los trabajadores que incidían en la disminución de sus condiciones de vida. Por ende se fueron acumulando conflictos entre el desarrollo tecnológico y resultados económicos; entre el tamaño de las empresas y los métodos de dirección; entre el desarrollo social rural y el empleo agrícola; y entre los resultados productivos y la satisfacción de las necesidades de la población.

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La respuesta siempre estuvo en el objetivo marcado para las UBPC que, según su Reglamento General, se basa "el incremento sostenido en cantidad y calidad de la producción agropecuaria, el empleo racional de los recursos de que dispone y el mejoramiento de las condiciones de vida", por lo que era necesario un redireccionamiento.

Las medidas que se han tomado hasta hoy día no han resuelto todas las dificultades. Siguen siendo retos algunas alternativas que ya han sido sugeridas por especialistas cubanos como Emilio Rodríguez Membrado y Alcides López Labrada.

Entre ellas se encuentran: un cambio de tipo ideológico- conceptual, para ello es necesario un marco jurídico más efectivo, pues el actual no les permite desenvolverse como verdaderas cooperativas; un proceso de contratación económica realista y de un sistema logístico eficiente, reduciendo la cantidad de productos y aumentando la posibilidad de su comercialización en los mercados nacionales; y un sistema único de información estadística, contable y sociopolítica.

La manera de cumplirlas no es tan compleja. Cuba se encuentra en una época favorable para llevar a cabo estas transformaciones. De ello depende contar con una agricultura más eficiente y restable, donde no sean absurdas las ideas esgrimidas en defensa de la autonomía.