Con la llegada de la temporada de verano hacía esos del mes de marzo, para ser más precisos Semana Santa es quien marca el disparo de salida. Millones de personas españolas están pendientes de su teléfono esperando la llamada para ese trabajo temporal en el cual ya llevan cinco años. Según los datos de la Encuesta de Población Activa más de 900.000 personas tienen un empleo por debajo de su potencial y a tiempo parcial, por supuesto, temporal (para cumplir campañas estacionales). Y un 34% de los subempleados españoles lleva 6 meses se conforma con ese puesto de trabajo para evitar el paro.

Con el mal panorama laboral y con la posibilidad de perpetuarlo en el tiempo, quien tenía la expectativa de quedarse en un trabajo por un tiempo determinado ahora se queda casi para siempre.

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Se trata de una tendencia en aumento: empleos no cualificados, a la falta de ofertas mejores. Los subempleados aguantan en esos puestos de trabajos, la mayoría con jornadas de 10-12 horas, para llegar a finales de mes a pesar de estar cualificados para más. Esta situación hay que agradecerlo a nuestros regentes que con las sucesivas reformas laborales han fomentado este tipo de contratación. Dichas reformas laborales nos ha metido el miedo en el cuerpo porque ya sabemos que el sistema de ayudas de Servicios Sociales se mueve en baremos muy bajos y los españoles difícilmente tenemos acceso a ellas. Así que laboralmente hablando, hay un acuerdo tácito entre empresario y trabajador: el empresario se aprovecha del miedo que tiene el trabajador de perder su puesto y renuncia aprovechar al máximo las posibilidades de su trabajador, hasta que la situación no mejore, mientras que el trabajador que hará todo lo posible por mantener su puesto de trabajo, hasta que las condiciones laborales no sean más favorables.

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A todo esto hay que sumarle la falta de trabajo de forma completa y los trabajadores que están con posibilidades de trabajar pero han dejado de buscar trabajo, sumándose a vivir de ayudas o trabajando en negro. Ante estos datos las mejoras tardarán en verse puesto que la reducción salarial juntamente con el empobrecimiento de los trabajadores y que la base industrial española es demasiado pequeña nos dificulta la salida airosa de la crisis económica.