Por décadas la economía cubana ha estado planificada por decisores a nivel nacional. De ellos depende el monto de la inversión para cada localidad del país y la rapidez con que se ejecutarán los proyectos. Pero… ¿Acaso no es cierto que "al que no le afecta, no le duele"?

No me quedaré solo en la retórica de esta pregunta, pues parte de las soluciones se citan en loa Lineamientos de la Política Económica y Social del país, donde se habla de la necesidad de impulsar Proyectos de desarrollo local para una futura descentralización de los gobiernos municipales.

Además, en el proceso actual de reordenamiento de la política agropecuaria, liderado por el Ministerio de Agricultura (MINAG) se han incluido entre las medidas el incremento del rol productivo del sector no estatal, los cambios en la prestación de servicios en las empresas estatales, la entrega de tierras ociosas a productores individuales, los incentivos a la producción a través de mecanismos financieros y la descentralización de la estructura organizativa con la creación de delegaciones municipales.

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Por muchos años viví en un pueblo donde su principal fuente de empleo era un central azucarero. En el 2002 se tomó la decisión de cerrarlo. En aquella etapa todas las piezas del coloso fueron a parar a la Empresa de Materias Primas y los trabajadores quedaron con un irreparable vacío.

Después de ese suceso la economía territorial se deprimió considerablemente. En la actualidad subsisten gracias a sus intentos por desarrollar la agricultura; aún insuficiente para su recuperación. Por ahora el Estado ha destinado inversiones a una fábrica de fideos, dos silos para almacenar granos, la reparación de la carretera central, la renovación del hospital y una fábrica de helados. Sin embargo, solo las fábricas de fideos y helado contribuyen a la sustitución de importaciones.

En el 2009 escuché por primera vez sobre el Programa Conjunto "Apoyo a las nuevas iniciativas de descentralización y estímulo productivo en Cuba", en el que se involucraron tres agencias del Sistema de Naciones Unidas: la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO), la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Durante cuatro años estas agencias implementaron proyectos de desarrollo local en varios municipios del país entre los que se encuentran: La Palma, en Pinar del Río; Martí, en Matanzas; Yaguajay, en Sancti Spíritus; Río Cauto, en Granma; y el Salvador, en Guantánamo.

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Entre los resultados del Programa Conjunto se pueden citar: el apoyo a unidades productoras con la entrega de insumos y equipos; el fortalecimiento de la infraestructura productiva para incentivar la sustitución de importaciones; nuevos mecanismos de créditos que permitan la sostenibilidad de los proyectos; la creación de unidades empresariales; la capacitación en técnicas de la producción, gestión empresarial y cooperativismo; la generación de empleos; las producciones artesanales; y los aportes a la igualdad de género.

A pesar de estas transformaciones (significativas en el contexto cubano actual) no se ha podido lograr la autonomía necesaria para la toma de decisiones y el perfeccionamiento de la planificación de la economía local. No se le ha dado verdadero valor a las oportunidades de negocios, a las prioridades, a la sustentabilidad y a la rentabilidad: mientras en algunos municipios explotan las potencialidades turísticas, agropecuarias, industriales o mineras; otros continúan en el sueño aletargado de siempre.

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Una visita a mi lugar de origen, es una mezcla de alegría nostálgica y tristeza. Veo: una piscina recién inaugurada, pero con fallas técnicas que la mantienen constantemente con las puertas cerradas al público; una Casa de Cultura desértica; un museo en construcción desde que tengo memoria; y planes agrícolas sin cumplir en una localidad fundamentalmente agropecuaria.

El desarrollo local necesita de proyectos económicos basados en la explotación de los recursos con que cuentan… la capacidad de autofinanciarse… y la generación de ganancias en beneficio del territorio. No hay que sentarse a esperar subidas de salarios, ni respuestas de un plan inversor central… hay que producir, crecer comercialmente y autoabastecer las necesidades de consumo. De eso se trata cambiar.