Hoy estamos de aniversario-recordatorio. Se cumple 9 años de la famosa carta al director titulada "Yo soy "mileurista"", en el diario El País, de Carolina Alguacil. Una manera muy expresiva de describir una situación frustrante y compleja. Era una queja ya que se refería a sueldos accesibles donde se le requería una alta formación.

Por aquel tiempo un mileurista era un "pobre desgraciado", actualmente es un privilegiado. Ya lo decía Carlos Taibo "en unos años ser mileurista será casi un lujo, cuando comienzen a exisitir los "ochocientoeuristas", ·setecientoeuristas", "seiscientoseuristas" y los "cuatrocientoeuristas"".

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Bien, pues ya hemos llegado a tal predicción.

Un apunte a la reflexión: El 40% de los contratos en julio de 2014 no superaban el salario mínimo interprofesional (os recuerdo que en España el SMP es de 645€). Se supone que el salario mínimo interpersonal debe garantizar unos ingresos mínimos, de ahí salario mínimo, para vivir dignamente. La última Encuesta de Población Activa muestra una bajada del paro y un cambio del mercado laboral: más de un millón de españoles sólo trabaja un día a la semana, compagina varios trabajos, muchos trabajadores no llegan al salario mínimo interprofesional. Cada vez más españoles viven con un sueldo de 600€ al mes.

El alquiler de la vivienda es el principal gasto: "La media nacional estaríamos hablando de unos 250-300 euros, en algunas zonas un poco más caro, 350, pero esa sería la media del coste por persona en viviendas compartidas" explica Miguel Ángel Hidalgo, de Hidalgo Gestión Alquileres.

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De ahí aún hay que descontar los gastos fijos no de lujo (agua, luz, comida), esto deja poco margen al ahorro.

Este descenso de la renta está provocando un aumento de las desigualdades sociales y un empobrecimiento de gran parte de la población. Es el caso de Iván, le despidieron hace unas semanas y ahora no sabe si tendrá que volver a casa de sus padres: "No puedes hacerte un proyecto de vida, no puedes emanciparte, no puedes evolucionar". Sueldos precarios que angustian el presente y dinamitan el futuro. A veces, nos entra la nostalgia de haber invertido miles de horas y nervios en una formación que se suponía que te abriría las puertas a un trabajo donde tus necesidades básicas estarían cubiertas. Utopía barata. Volveremos a levantarnos cuando suene el despertador para acudir a nuestro trabajo "seiscientosurista" esperando que aparezca nuestra oportunidad de poner en práctica todas nuestras potencialidades. Mientras tanto aceptaremos cualquier oferta laboral que nos ofrezcan porque nos han educado en la cultura del trabajo y que toda recompensa tiene su espera.