Un fondo buitre consiste en la compra de activos de dudoso cobro. Es decir un país cuando necesita financiación externa para cumplir los objetivos marcados por el propio gobierno, vende deuda. Si la tendencia del país es poco confiable, ocurre que los que compraron deuda se ponen nerviosos ante la posibilidad del impago. Es entonces cuando aparecen terceros entes, que confiados en su capacidad de litigio, compran dicha deuda para fiscalizarla directamente en litigios legales.

En estos momentos la Argentina vive el castigo doble al tener que enfrentar legalmente el litigio por el pago de la deuda externa y los ataques debido a los flujos de mercado que se mueven al ritmo de indicadores de confianza.

Es como, un niño en el patio de una escuela, que tiene hambre y se enfrenta a una pandilla de matones que le quieren robar el bocadillo, porque dicen que su hermano hace tiempo contrajo deuda con ellos. Se enfrenta a la pérdida del bocadillo y a la imagen de poder ser hurtado por cualquiera que tenga capacidad de unir a una pandilla de acreedores de bocadillos. Ante este panorama, a la Argentina sólo le vale luchar hasta la prescripción legal o hasta el sobreseimiento. Si entrega su bocadillo, todo su pueblo pasará hambre. Independiente mente, de la #Corrupción y el expolio de anteriores dirigentes, el pueblo Argentino nada en un clima de crispación interna debido a las presiones externas. Causa última del malestar interno.

El pueblo argentino, lo único que no debe hacer es desafilar las espadas con las que luchan sus gobernantes para subyugar a los buitres. Podrán ser de este o de otro partido. Pero los gobernantes que ahora están, necesitan la confianza de su pueblo para comer buitre. De otro modo, los enemigos son tres: Los buitres, las presiones tendencialistas del mercado y el resquemor interno de u pueblo atormentado, que lo único que desea es un pequeño respiro para levantar la cabeza y poder ser lo que siempre han deseado ser: Un país con una capital de hermoso nombre: Buenos Aires.