Yo sólo soy alicantino como visitante y sólo unos días al año, eso sí, casi todos los años desde hace más de veinte, desde que me casé con mi mujer y empecé a utilizar para el veraneo la casa que primero era de la abuela de mi mujer y luego de mis suegros. Ahora, desde hace ya varios años, desde que mis suegros casi nunca van ya a Alicante, somos mi mujer, mis hijos y yo los principales usuarios de esa casa, pues mis cuñados tienen la una, una casa y el otro un apartamento propios también en Alicante que son los que usan como sus segundas residencias y lugares de veraneo.

Por estas circunstancias familiares y por la cercanía geográfica con Albacete (mi ciudad de nacimiento, residencia y trabajo) Alicante se ha convertido en mi segunda ciudad, a pesar de lo cual he de reconocer que nunca me ha importado demasiado lo que aquí sucediese en el terreno social o político, bastantes pocos han sido siempre mis días de vacaciones para que me pudiese preocupar en los mismos de otra cosa que no fuese divertirme y descansar lo que escasamente pudiese.

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Sin embargo, en los últimos años, tal vez acuciado por los agobios de la crisis, tal vez incentivado por la curiosidad de intentar buscar alternativas a lo que consideraba una situación bastante penosa en mi Albacete querido, el caso es que me dio por observar cual era la situación social y económica en el Alicante que era mi ciudad primera alternativa. Y la observación resultaba siempre ser bastante penosa y decepcionante. Ignoro cuales son las cifras macroeconómicas oficiales, esas que a la ciudadanía de a pié nos resultan tan incomprensibles como poco creíbles, hablo de observaciones y vivencias directas sobre el terreno, de ciudad sucia, de mobiliario urbano roto y no reparado, de negocios cerrados, con el cartel de se vende, traspasa o alquila o simplemente locales abandonados … de parados, de mendigos … de ruina y miseria observada y vivida directamente sobre el terreno.

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La lógica me decía que Alicante, ciudad costera y turística, capital de la Costa Blanca, capital de provincia de lugares tan importantes, no sólo turísticamente, como Benidorm, Torrevieja, Elche, Santa Pola, etc. Debía tener un potencial económico muy superior al de mi Albacete, aunque sólo fuese por todo lo que mueve la primera industria nacional, el turismo, del que carecemos totalmente en Albacete.

Pero no, mis observaciones sobre Alicante siempre resultaban incomprensiblemente decepcionantes, veía a Alicante siempre mucho peor que a Albacete, más sucio, más que sucio guarro, mucho más ruinoso y con una actividad económica mucho más deprimente … y no era capaz de entenderlo, no podía ser, Alicante, objetivamente, debiera estar siempre mejor que Albacete, sus circunstancias geográficas y las condiciones sociológicas de sus gentes, acogedoras, laboriosas y amables, debían dar como resultado una ciudad próspera.

Llegué a la conclusión de que mis decepcionantes observaciones alicantinas serían resultado de mis prejuicios, que era que yo miraba Alicante con malos ojos y que debía haber una realidad que yo no era capaz de ver.

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También llegué a la conclusión de que yo miraba desde un mirador distorsionado, la casa de mis suegros es una casa ya vieja, de casi 50 años, en una barrio obrero y también viejo, el barrio del Pla, debía ser que el Alicante que yo veía era el Alicante viejo, pobre y cutre … debía haber un Alicante mejor, a pesar de que mis apreciaciones eran continuamente ratificadas y aumentadas por los propios alicantinos con los que tenía ocasión de comentar el tema.

Pero no. En los últimos tiempos he llegado a la convicción de que Alicante está mal, muy mal. No como Albacete ni como el resto de esta España nuestra azotada por estos últimos crueles años de crisis, sino mucho peor. Entonces empecé a prestar atención a las noticias sobre #Corrupción en el Ayuntamiento alicantino, la explicación al por qué Alicante está como está podía ser la mala, más que mala corrupta, más que corrupta mafiosa, gestión del Ayuntamiento alicantino. El alcalde electo en las últimas elecciones está dimitido e imputado y su sustituta, la actual alcaldesa Sonia Castedo, no dimitida todavía pero igualmente sospechosa en casos de corrupción, y el mandamás de la ciudad, el empresario dueño del Hércules, club de fútbol histórico que anda penando por Segunda B, el "señor" Ortiz, principal adjudicatario de las contratas municipales, convertido, presuntamente, una especie de capo moderno de las mafias y chanchullos diversos municipales.

Por fin había encontrado la explicación al inexplicable desastre socioeconómico alicantino: la corrupción, la desidia y la ineficacia en la gestión municipal habían provocado un desastre generalizado en una ciudad que siempre había sido y que debía seguir siendo encantadora.

Sin embargo no terminaba de convencerme demasiado la explicación. No podía ser que la gestión de un Ayuntamiento, por muy corrupta e incompetente que fuese, dañase tanto el tejido socio-económico de toda una ciudad, no podía ser que la influencia de un empresario, por muy poderoso, incluso "mafioso" que pudiese ser, pudiese perjudicar tanto. Pero hoy he terminado de despejar mis dudas.

Ha sido en la terraza de una cafetería alicantina, a media tarde, mi mujer, uno de mis hijos y yo tomábamos un refresco mientras en la mesa de al lado cuatro hombre de mediana edad tomaban unos whiskys, bastantes, la verdad, ya estaban cuando nosotros hemos llegado, han pedido varias piedras mientras nosotros hemos estado, y se han quedado cuando nosotros nos hemos ido. Al principio no he prestado demasiada atención, cuatro amigos cualesquiera compartiendo un rato cualquiera, pero al estar justo al lado nuestro, mesas casi juntas, no he podido evitar escuchar la conversación, que rápidamente me ha llamado la atención y ya no he podido evitar "poner el oído" para escuchar y aprender.

Los cuatro amigos eran militantes del PP, más o menos destacados pero militantes de base del PP alicantino, uno de ellos médico. Lo primero que me ha llamado la atención y motivo por el que he empezado a prestar atención ha sido la ácida crítica que el médico, militante del PP, hacía de la catastrófica gestión de la Sanidad Pública en la Comunidad Valenciana, ejemplificándolo en el (según él, yo no tengo ningún elemento de juicio pues ni lo conozco) desastroso Hospital de San Juan.

Animados por los whiskys y el relax de una tarde veraniega, la conversación de los cuatro amigos era cordial y completamente despreocupada, hablaban de todo, pero sobre todo de lo que tenían en común y que les había convertido en amigos, su militancia en el PP alicantino. En principio podría suponerse que serían ciudadanos satisfechos con la gestión que su partido está haciendo tanto en España,, como en la Comunidad Valenciana y en Alicante. En cuanto a la gestión nacional, ningún comentario, por lo menos durante el tiempo que yo he podido escuchar. De la gestión en la comunidad, bastante pocos comentarios y tampoco críticos, podrían resumirse en que piensan que al presidente Fabra (al que consideran buena persona) le dan muy pocas opciones de futuro pues están convencidos de que a partir de Septiembre habrá una renovación absoluta en el PP de la Comunidad Valenciana.

El grueso de la conversación, los comentarios más acalorados y las críticas más acérrimas (aseguro que más duras de las que podría hacer cualquier líder la oposición) se centraban en la gestión municipal, en la alcaldesa Sonia Castedo. Críticas no sólo políticas sino incluso personales, hasta el punto de que uno de los amigos y militantes ha llegado a asegurar en un momento de la charla que sólo había una persona en el mundo a la que le deseaba el mal, a la tal Sonia Castedo, alcaldesa de Alicante y del PP como ellos, persona a la que, entre otras cosas, consideraba responsable directamente de la pérdida de su propio puesto de trabajo y de otros dos familiares y amigos.

Serían necesarios varios artículos, y largos, para explicar todas las corruptelas y disparates en la gestión municipal que, según ellos, han sumido Alicante en la ruina y el caos. Por supuesto, ignoro la veracidad de todas sus afirmaciones, por eso tampoco me puedo arriesgar a explicarlas públicamente, pero todo se puede resumir en una premisa, la permanente supeditación de los servicios públicos alicantinos a los interés privados ha llevado a la ruina general en beneficio sólo de unos pocos, y es cuanto menos curioso que sean militantes del PP y no de ningún partido de izquierdas los que hagan este planteamiento.

La Democracia consiste en el debate entre los distintos planteamientos para gestionar lo público y todas las diferentes ideas son legítimas democráticamente, pero hay cosas que quedan al margen de la legítima discusión democrática y que son completamente inadmisibles y una de ellas, una de las peores, es la corrupción.

La gestión privada de los servicios públicos es una opción política legítima, tan discutible y respetable como cualquier otra opción política. Es la opción tradicional de los políticos de derechas de todo el mundo. Es la forma de gobernar con la que están, seguro, conformes los militantes del Partido Popular, también los cuatro amigos de esta tarde. Lo que no es admisible ni respetable bajo ningún concepto es la corrupción, que las decisiones políticas se tomen en función de intereses particulares ilegítimos.

Por desgracia, como demuestran los resultados electorales de demasiados lugares de España en los que se presentan a las elecciones políticos imputados, incluso corruptos más que presuntos, y son votados por sus ciudadanos a pesar de todo, hay ciudadanos que piensan que la corrupción no es tan grave, que creen que no es tan malo que los políticos cometan algún choriceo siempre que con su gestión promuevan el bien común y el progreso de sus comunidades. Tal vez lo que pasa es que haya demasiada gente que piensa que todos los políticos son iguales y que, puestos a elegir, mejor los nuestros que no los otros, que también serían igual de chorizos.

La Comunidad Valenciana, con el triste record de cargos electos imputados, y particularmente Alicante, son un claro ejemplo del mal que la corrupción política puede provocar. Todos los ciudadanos de buena voluntad deberían saberlo y actuar en consecuencia cuando tengan que votar. También lo saben, mejor que nadie, los militantes honrados de los partidos políticos, como los cuatro amigos de esta tarde. El problema es que con el actual sistema electoral español y el funcionamiento de los grandes partidos políticos, los militantes de esos grandes partidos, por muy honrados que sean y muy indignados que puedan estar, poco o nada pueden hacer para cambiar nada, todo lo contrario, los grandes partidos políticos españoles sí que son organizaciones típicamente mafiosas y escasamente democráticas internamente, en los que el que se mueve no sale en la foto.

Somos los ciudadanos, independientemente de nuestras ideologías, los que debemos ser conscientes de los males que provoca la corrupción, que no tiene ideología y que somos quienes debemos erradicarla. Siempre es mejor que gobiernen honrados, aunque sean de los otros, a ladrones, los ladrones nunca son de los nuestros, los ladrones siempre son sólo de ellos y nos roban a todos.