La palabra tributo viene del latín tributum, que ya tenía el significado de impuesto, tasa o contribución. La palabra es un nombre formado a partir del verbo tribuere, distribuir, repartir, que originariamente significaba repartir entre las tribus. Tribus era en latín cada una de las tres asociaciones de linajes en que estaban asociadas las familias.

En la edad media, las tres castas, en lo relativo a lo meramente económico, los estratos sociales eran dos: la clase contributiva y la no contributiva. La segunda clase, lo era de forma natural y envolvía a la vez que sostenía a la primera. Los gremios por aquel entonces eran todos artesanos y contribuían doblemente, en el plano económico tributando al Estado y en el plan de la proporción de herramientas o medios hábiles. Este último modo contributivo no económico era completamente ecuánime; de las manos de los artesanos surgían ropas, perfumes, utensilios, herramientas, armas para la defensa, esculturas y ladrillos. Es decir, producían artículos de consumo que indistintamente hacían el buen uso tanto para contribuyentes como no contribuyentes. El Estado disponía de una administración por feudos, lo que hoy llamaríamos agencia tributaria. Este gremio era denominado el de los eruditos en flujos de capital, y aunque de sus manos no surgiera herramienta alguna, velaban por el equilibrio entre tributo y buen uso del capital. Es decir, eran los encargados de supervisar lo que hoy llamaríamos las balanzas fiscales. Ellos eran conscientes que la permanencia o no, de la soberanía del reino dependía en gran medida tanto del rendimiento de artesanos, como del bienestar de los mismos. Sabían por experiencia, que mientras un artesano no fuese privado de sus herramientas, el artesano por un mero principio de entretenimiento y diversión, produciría, y por consiguiente tributaría a placer. El buen hacer de los estadistas se basaba pues, no solo en ofrecer la herramientas necesarias para producir sin dificultad, además ofrecían entornos adecuados para la realización de las labores, libres del escándalos de las concurridas calles no comerciales.

Han pasado no pocos años de aquellas épocas. Han cambiado muchas cosas, como la mecanización de procesos, o la aplicación de nuevas tecnologías de comunicación, y sin embargo, esta, la mano que escribe se atrevería a afirmar, sin lugar a dudas que los artesanos han trascendido al paso de los tiempos. La tributación por el mero hecho de co-producir sigue existiendo por el mismo motivo por el que continúan existiendo los clanes. #Unión Europea