Leo en un correo publicitario que me envía un familiar, que a su vez se lo reenvió un amigo que a su vez se lo reenvió un amigo que a su vez... (entramos en ese bucle sin fin de las cadenas por e-mail), el anuncio de una App que dice ser una revolución en el ámbito de la economía "sumergida". El invento se denomina NextLaundry, y como se puede deducir de su nombre, se trata básicamente de hacer negocio lavando ropa.

El sistema tiene un funcionamiento básico, realmente fácil de entender y que, a priori, no ofrece duda alguna de cómo debe realizarse. Tú te unes a una lista de voluntarios para recoger la ropa de vecinos de tu zona y lavársela, ganando un dinero por ello.

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No tiene más.

Es muy sencillo, una especie de trueque pero con un pequeño beneficio económico para el voluntario que se une a este grupo. Y digo pequeño porque en la publicidad hablan de hasta 500 euros al mes. "Hasta". Esa palabra, en este caso, tiene el mismo significado que esa otra que es "desde" en el resto de publicidad. Significa que nunca se va a alcanzar esa cifra, sea por defecto o por exceso respectivamente. Pero a esto se le unen otras cuestiones que no te las aclaran en su página, ya que la única opción que tienes al entrar en ella es enviarles tu e-mail para que te incluyan en la lista de voluntarios.

Lo lógico y normal sería que te ampliaran la información sobre ese nuevo y revolucionario sistema de trabajo que te va a generar unos ingresos medianamente aceptables, antes de aceptar unirte a ellos, no? Si no tienes otra cosa que hacer, claro.

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Por ejemplo, un dato a tener en cuenta sería que te especificaran cuánto te van a pagar por cada servicio, cuánto se van a quedar ellos por hacer de intermediarios, y algo más preocupante: ¿el desgaste de maquinaria corre por cuenta del voluntario? Porque las lavadoras se estropean más cuanto más se usan, como cualquier aparato, no es ninguna necedad. Además, ¿el gasto en detergente, suavizante, lejía si fuera preciso, potenciadores de lavado y demás aditivos para el buen funcionamiento del aparato y para obtener un resultado óptimo de lavado van también a cargo del trabajador? Porque es una pasta. Y lo que es aún más costoso: el recibo de la luz.

La lavadora, junto a la secadora y el lavavajillas, es uno de los electrodomésticos que más aumentan el consumo global de una vivienda particular. Y con las tarifas que tenemos en este santo país, y las que nos quieren aplicar con la implantación de los nuevos contadores "inteligentes", poner muchas lavadoras extras al mes puede hacer que te saltes todos los mínimos y te apliquen unos recargos importantes a los ya de por sí suficientemente hinchados precios del kilowatio.

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Aunque también tienes la alternativa de ponerte a hacer lavadoras como loco en horario nocturno, que es cuando las tarifas van a ser más bajas, según contaba nuestro querido ministro de Industria, José Manuel Soria. Eso sí, rezando para que los vecinos no te denuncien por hacer ruido diariamente a altas horas de la noche. ¿Ese consumo excesivo que supondrá un recibo eléctrico muy por encima de lo habitual, lo paga el vecino que te trae la ropa, los señores de NextLaundry o, de nuevo, lo tiene que sacar el asociado de su bolsillo particular?

Si todas estas preguntas tienen la misma respuesta, mucho me temo que esta "revolución" económica no va a tener mucho éxito, porque en el supuesto que seas un "fiera" y te puedas llevar esos "hasta" 500 euros al mes, si le descuentas los gastos antes citados, es posible que te puedas sacar, neto, lo suficiente para tomarte un café en el bar de la esquina para reponerte de todo ese trabajo.

Y a todo esto, no he tomado en cuenta que, si lavas la ropa, tendrás que entregarla también doblada y planchada. La plancha, esa tarea doméstica odiada por más del 90% de la población mundial, y que también tiene sus propios gastos, como son el agua destilada, el consumo energético y el desgaste por el uso. Sin hablar de las sesiones de fisioterapia que se necesitarán para que te descargue la espalda de tensiones, porque planchar te la deja hecha un cisco. Al menos a mí, no sé a ustedes...

Es posible que, juntándolo todo, el café tengas que pagártelo también de tu bolsillo. O incluso poner dinero extra para poder realizar tu trabajo. Eso sí, te quedará la satisfacción de poder decirle a tus amigos y familiares. "¿Ves la camisa que lleva ese vecino? Se la he lavado y planchado yo. ¿A que ha quedado guapa?"