Así es y todo parece indicar, que más que preocuparse por aprovechar una coyuntura de crisis para estimular el desarrollo hacía un nuevo mapa económico, voltean los fantasmas del pasado y un escenario dantesco se suma a la ya precaria situación de gran parte de la población.

En España, por ejemplo, un Gobierno atareado en concretar sus negocios personales está ausente en un tema tan candente como la Energía. Un país líder en producción eólica y termo solar con grandes avances en geotérmica, biomasa o cogeneración se esfuerza pese a los avisos lanzados desde Bruselas, por penalizar una energía limpia, inagotable y actualmente ya más rentable que el petroleo, la nuclear o el gas que debe importar y estar a merced de los mercados de inversión.

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Esto solamente es un síntoma de la voracidad del liberalismo o capitalismo salvaje que está dejando a la sociedad desprovista de servicios por la imposibilidad de acceder a ellos por la carestía de los mismos.

Pero eso ya pasó hace años cuando se empezó la globalización y la industria mundial se marchaba a Asia a producir mucho más barato. Sin embargo, el precio de los productos seguía siendo el mismo que fabricado en Europa para el consumidor. La vuelta de todo esto: la caída de la industria en Europa y el aumento del paro en nuestras sociedades. Solución. Vuelta a casa y ahora vamos a explotar el Este de Europa que lo tenemos más a mano y encima los salarios son más bajos que en Asía. Nueva deslocalización.

Pero la nueva economía, la del título, se refiere a la cada vez mayor escasez de recursos naturales, no sólo industriales.

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Algo tan vital y tan necesario como el agua potable es más escaso cada vez. Y debemos levantar la voz. Más que eso, tenemos que levantar la voz porque el agua es patrimonio de todos y ese patrimonio o derecho básico para la vida no lo están robando.

Lo que se está creando es una pasión a la griega. El Olimpo se está llenando de semidioses con mayor poder de decisión sobre el futuro de los humanos y la verdad, francamente, a mí no me gusta nada que nadie decida sobre mi vida. Esto nos conduce a los fantasmas del pasado. La carestía de medios materiales o básicos para la supervivencia y la condena a la pobreza y la humillación.

El enfrentamiento está servido como la sociedad mundial no se movilize contra la injusticia, el abandono y la explotación. Vienen tiempos revueltos, esto ya no es la crisis. Es el futuro inmediato. El pasado que regresa con rostro de presente.