Bolivia ha destapado el tarro de las esencias. Su congreso ha aprobado una ley que permite a los mayores de 10 años trabajar legalmente en el país. Esta ley ha sido ratificada por el vicepresidente Álvaro García este jueves por la ausencia del presidente Evo Morales, que en ese momento se encontraba de viaje.

Los responsables y promotores de esta ley han justificado su decisión de reducir en cuatro años la edad mínima para trabajar por el hecho de que el #Trabajo infantil se produce en el país legislen o no sobre ello. Muchas familias son tan pobres que se ven obligados a permitir que sus hijos trabajen a pesar de estar en edad de ser escolarizados.

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Por tanto, a falta de una posibilidad de evitar y perseguir esta situación han decidido legalizarla.

Con esta legalización, según afirman quienes han sacado a la palestra esta ley, permitirá a los #Niños que se vean sometidos a esta esclavitud de facto (pues no creo que nos quieran convencer que con diez años están en disposición de rubricar un contrato igual que un adulto) tener ciertas salvaguardas legales en su beneficio. Hasta aquí todo buenas palabras. Sin embargo se plantean ciertas cuestiones que resultan cuando menos interesantes.

¿El que una actividad sea imposible de erradicar es razón suficiente para legalizarla?

Pensemos en nuestro país. Drogas, prostitución, violencia de género... Son actos delictivos que actualmente la justicia persigue, sin embargo ninguno de ellos va a poder ser erradicado de manera absoluta de nuestro país, al menos en el corto plazo.

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Y al menos en el caso de las drogas y la prostitución sí existe un razonamiento de control de la actividad desde el propio aparato estatal para legalizarlas en un futuro. Al ser actos que sirven de fuente de ingresos a grupos criminales la legalización erradicaría el "mercado negro".

¿El que una familia sea pobre da carta blanca para cualquier barbaridad?

En el mercado negro existe una enorme necesidad de órganos y los niños no suelen ser donantes demasiado abundantes. Podríamos justificar despiezar a un niño para salvar a la familia de la miseria, posiblemente en los países ricos habría desalmados que aplaudirían la propuesta. La pobreza no se erradica generando futuros pobres, como sería el caso de un individuo al que se le arranque de la escuela con diez años, sino eliminando las fuentes de esa pobreza, como la desigualdad que existe entre diferentes estratos de la sociedad. Por supuesto en la ley se nos indica que es obligatorio que el niño atienda sus obligaciones en la escuela, pero en nuestro país la ley obligaba a que un contrato de prácticas fuera para hacer prácticas y así nos va.

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¿La mejor manera de que una familia salga de la pobreza es que un niño haga el trabajo de un hombre con el sueldo de un niño?¿No sería mejor darle el trabajo al padre?

Por supuesto, se puede argumentar que otros niños podrían acceder a dicho trabajo, ya que el trabajo infantil es inerradicable, pero la realidad es que lo que lo hace imposible de eliminar es precisamente este tipo de leyes. Mientras un niño pueda trabajar como esclavo ningún empresario que no sea un santo contratará a un adulto, pues sencillamente dejaría de ser competitivo. Mientras se permita, será obligatorio. Aquí pasaba hasta hace no muchos años, se dejó de poder hacer y la península no se hundió en el mar cual Atlántida moderna.

En resumen, estamos ante una idea que suena muy bien en la teoría, pero que a la hora de la verdad solo precariza aún más el mercado laboral, al dar carta blanca a los empresarios para hacer legalmente lo que antes tenían que hacer bajo cuerda. Hoy son los niños trabajadores, tal vez mañana sean ideas aún más peligrosas. #Corrupción