Holanda 5. España 1. "Derrota humillante para la campeona del mundo, el peor debut que se podía esperar en el mundial, un merecido varapalo después de tanta arrogancia, la peor pesadilla con la que jamás soñaron los españoles". Estos son solo alguno de los comentarios que todos escuchado en boca de los mismos comentaristas y periodistas deportivos españoles quienes hasta el 2-1 de Holanda con golazo del pelado Robben, hablaban de la roja como si el tiempo se hubiera congelado y Del Bosque y sus buenos muchachos estuvieran todavía en Sudáfrica. A mi entender tampoco tanta sorpresa, España ya había jugado mal en otras ocasiones y había sido goleada por la selección Argentina, 4-0 y por la portuguesa, claro que se trataba de partidos amistosos.

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Pero aquí no se trata de hacer leña del árbol caído, Holanda jugó mejor, un mal día, una mala tarde- como la del Gran Casillas- la tiene cualquiera. Dicen que los Holandeses se cobraron venganza por la eliminación por culpa de la roja en Sudáfrica, otros que la selección estaba dormida en su gloria, etc, etc. Los que saben y los que no saben de fútbol en España se han cansado de elaborar mil teorías - acertada ninguna- para tratar de encajar el golpe. A mí, en este humilde artículo, lo que me interesa resaltar es el riesgo que se corre cuando se intenta convertir al fútbol, a un deporte que tiene mucho de imponderable y azar, en una marca, en la marca de la empresa España. Una marca, como otras, léase Telefónica, Iberdrola, Zara, etc, españolas que se utilizan como un reclamo publicitario ante la crisis, como un ejemplo de excelencia y calidad empresarial y de seriedad y responsabilidad en el mundo de los negocios.

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Amén de que bajo este reclamo los mecanismos del poder traten también de alentar un sentimiento patriótico hoy en día muy por el suelo; casi inexistente hoy en España debido a la crisis económica y a las ambiciones separatistas históricas de varias Comunidades Autónomas como Cataluña y Euskadi-

Riesgo, digo, porque si bien un equipo de fútbol es una empresa, y la selección española también lo es en el sentido de que genera múltiples y pingues negocios, están involucrados - quiero decir que trabajan y que generan su riqueza en vez de en una factoría en un juego donde se golpea una pelota, como antes señale, casi tan impredecible como una lotería, donde precisamente radica su atractivo y su magia. A riesgo de caer en algo parecido a lo que sucedía en aquella biblioteca de Babel, la del viejo Borges, donde una desorbitada pasión por el juego trastocaba los pilares mismos de la realidad hasta convertir el mundo cotidiano en algo completamente ilusorio.

Pero volvamos a la Marca España para concluir con esta idea.

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El neoliberalismo está empeñado en convertir todo lo que respira y se mueva en un producto, en una mercancía con la inmediata intención de seriarla, ponerle precio y venderla. Esta premisa mercantilista, basada las más de las veces en la especulación y la ambición desmedida, es capaz de arrasar con los valores más preciados de nuestra sociedad entre los cuales también se encuentra, por supuesto, la distracción, el juego, el esparcimiento, como en el fútbol hasta convertir finalmente el mundo entero en un gran supermercado plagado de camisetas de Messi y Ronaldo.