Lo volvieron a hacer. De la misma forma que la abdicación del rey se aprovechó para colar disposiciones que hubieran sido polémicas pero que con la polémica de Monarquía-Republica pasaron desapercibidas, el partido España Holanda nos coló la privatización de AENA y parte del AVE. Y mientras los periódicos y cadenas de radio y televisión se están rompiendo las vestiduras y buscando soluciones al desastre en el estadio, en la vida real el gobierno pim-pam se vende dos de las pocas cosas que le dan algún beneficio.

Mirado fríamente la es desproporcionando. Por una parte corren ríos de tinta por algo, que si bien es cierto mueve cantidades ingentes de dinero, cuyo resultado final es obtener una copa que guardarás durante un año en una vitrina. Por otra el país se hace cargo de las deudas de empresas estratégicas que sus gestores han arruinado y en cambio nos vendemos, muchas veces a los mismos gestores que han arruinado a las primeras, las que están reportando beneficios a las devastadas Arcas del Estado. Por mucho que el Mundial sea algo puntual, y en esto habría mucho que discutir sobre la saturación futbolística, lo segundo sólo por lo desgraciadamente cotidiano y por la repercusión real habría de ser portada siempre. Al fin y al cabo la ilusión de ganar el mundial sólo fue eso, ilusión; porque la copa no nos salvó de caer en uno de los peores pozos económicos de la historia reciente.

El Mundial es un buen modo de subir la moral a una comunidad destrozada por la realidad. Pero como todo placebo no arregla nada, aunque subir la moral hace cambiar el color de la vida que nos rodea, y eso a veces obra milagros si se dan las circunstancias correctas. El #Fútbol hoy es una religión que consigue, como los grades ilusionistas, enajenar a las personas de su terrible cotidianidad (el fútbol el nuevo opio del pueblo). De la misma forma que la religión ha mantenido a ralla posibles revoluciones a cambio de una vida mejor en otro plano; el fútbol ofrece un segundo plano en este mundo, el cual es más real que el espiritual, pero igual de espúreo que éste.

Hemos de despertar y seguir obviamente los partidos si eres aficionado, pero tener en cuenta que el mundo seguirá rodando independientemente del Mundial, por mucho que insistan los comentaristas que no; no en vano las guerras no se han parado, los inmigrantes continúan intentando entrar a Europa y por mucho que se gane el mundial los sueldos continuarán bajando y el empleo cayendo.