El Capital: Un ser juguetón al que le gusta jugar pero no perder.

La humanidad ha tenido el acierto de inventar en sus inicios, el trueque, y en su evolución el intercambio pecuniario. Digo que ha sido un acierto y no un error. El objeto de este artículo es arrojar algo de luz a cerca de la naturaleza del capital. En este momento, parece ser todo el mundo reconoce a cerca del valor del dinero. Es decir, es preciso matizar: El capital en manos propias proporciona la posibilidad de un trueque objetivo. Y el capital en manos ajenas la oportunidad de ofrecer un trueque ofreciendo o bien esfuerzo físico, o bien cualidades intelectuales afines a los objetivos de las manos que ostentan el capital. Hay sólo una cosa que ha sido mal interpretada, según mi muy objetivo punto de vista: El capital es sólo capital, no es poder mientras siga en manos ajenas. La naturaleza del capital es el juego. Cada persona posee unos medios percápitos; A cada individuo le gusta jugar y ganar, por ello busca siempre afinidades ideológicas para jugar su partida. Pero ¿Qué pasa cuando dos no quieren jugar a un juego, porque es aburrido o porque siente que no puede ganar? El capital ofrecerá nuevos juegos, nuevas partidas... El capital es juguetón y no entiende de fidelidad, sólo entiende a cerca del gozo de jugar. Hagamos un trato: Inventemos un juego en el que todo el mundo sienta que al menos no puede perder... Denominador común de todos los individuos. Creemos un espacio lo suficientemente grande para que el capital se sienta libre de danzar de un lado para el otro. Dejemos que el capital, salude sonriente en la puerta de cada hogar, como el amigo de toda la vida que se deleita en la puerta de casa esperando al amigo para jugar a pelota, pasear en vici o jugar a las muñecas. Ojalá yo sepa. Ojalá el capital entienda que yo solo pretendo jugar a un juego en el que no hay que ganar, para disfrutar. Y sin embargo, aunque no se gane, siempre se está ganando. Un fuerte abrazo a mi amigo: El capital y su juego bienvenido sea.