Este Gobierno, la crisis y los pobres, parece que no son del mismo país

La crisis se vuelve de nuevo contra la clase media de nuestro País, de ello se ocupan nuestro gobierno y sus ministros de economía. Al parecer están plenamente convencidos de que somos la única caña dulce de donde chupar incluido el bagazo donde nos encontramos ahora, exprimidos hasta la saciedad.

Este gobierno, que ha llevado su política económica hasta límites insospechados, ha logrado que su mayoría de votos y por ende de parlamentarios sumisos al mandato del partido y la disciplina de voto, aprueben leyes que ni los parlamentos más sumisos de américa latina hubieran podido soñar.

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Se altera la Constitución cuando les viene en gana, se elaboran leyes que luego aprueban con prisas, nocturnidad y total alevosía para salvar el pellejo de quienes realmente les preocupa. Meten en la cárcel solamente a quienes pudieran hacerle daño, aquellos pupilos modélicos de antaño, ahora garbanzos en el zapato, con la única finalidad de convencerlos que no deben hablar de lo que el partido no quiere. Convencen a la opinión pública apoderándose de los medios de comunicación del Estado y poniéndolos a su servicio. Atrapan a los jueces atrevidos, que desean que alguna de las leyes lleguen a ser algo justas, porque los consideran un peligro para el partido, aunque ellos mismos los hubieran apoyado y elevado donde tal vez por méritos propios no hubieran llegado, y si lo hiciesen, no con tanta rapidez.

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Este gobierno tendrá que dar cuenta alguna vez de que su sometimiento al pueblo, a la Constitución, está por encima de su soberbia, de su falta de respeto a los derechos humanos, de su ansia de poder desmesurado, de la protección de las mayores corruptelas.

Pero no solamente está el partido del gobierno, sino que la oposición no se queda atrás, ya que han sido cómplices en muchas de las salidas de Alí Babá y se han repartido prebendas y se han escondido cuando podían hablar y no han defendido cuando tenían que hacerlo, a los trabajadores, a las clases más desfavorecidas, a los desahuciados, parados e inmigrantes, a las maltratadas, alimentando la corrupción con el trozo de pastel que les haya tocado.

Todos tienen repartidas las culpas de que se haya aprovechado la crisis para empobrecernos sobremanera a todos los que ya éramos pobres, aumentando las distancias entre los que ya tenían y ahora tienen más y los que tenían poco o nada y ahora no pueden ni pedir limosna porque les queda poco aliento.

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No teníamos poco con la monarquía que pagamos religiosamente sin que se nos haya preguntado su función ni quien los ha elegido, para que ahora tengamos dos reyes con sus respectivos gastos y caprichos y su aforamiento frente a la justicia de todos. Tenemos tantos aforados en nuestro país como la suma de varios planetas juntos. Apuesto porque a las folclóricas y los vividores de los royalties también entren en el aforamiento, porque eso no supondría demasiado coste, ya que todos tienen un ejército de abogados detrás de sí que podrían entrar en la cúpula del poder judicial por su larga y exitosa experiencia en truculentos, fraudulentos y opacos casos de malos entendidos y reconciliaciones.