Si hay alguna noche en la que la ilusión puede llegar a tocarse, es la noche previa a la llegada de los Reyes Magos. Si hay alguna mañana en la que los niños y niñas se despiertan con ojos como platos y salimos de la cama con un doble salto, es esta.

Hoy los Reyes Magos se colaron en los hogares de millones de niños y niñas alrededor del mundo; aquellos que, según cuenta la tradición, vinieron de Oriente e iban guiándose por la estrella de Belén.

Pero el #Fútbol, el deporte más importante que existe en la actualidad y el que mayor interés despierta a nivel internacional, el que más acapara la atención en los medios y el que más dinero recauda cada año en todo el mundo, también tiene a sus “reyes magos”.

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Messi, Cristiano y Griezmann son los Melchor, Gaspar y Baltasar de hoy en día. Desde hace años llegaron a este mundo para ‘regalar’ algo que más que oro, incienso y mirra.

Estos tres futbolistas reparten ilusión y alegría cada día. Su talento hace disfrutar tanto a los más pequeños como a los más mayores.

Si acudimos a un estadio y miramos a las caras de los asistentes, comprobaremos como esos hinchas tienen los mismos ojos que un niño en el día de reyes, porque el fútbol, tal y como escribió Jorge Valdano, nos devuelve a nuestra infancia.

Desde esta perspectiva, cada mañana del 6 enero millones de niños en el mundo disfrutan la llegada de los Reyes Magos, y el fútbol no está alejado de esta ilusión, pues, al fin y al cabo, los reyes magos solo traen la ilusión un día al año y ellos miércoles, sábados y domingos.

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Inevitablemente, cada vez que los vemos jugar nos ilusionamos como un niño.

Messi, Cristiano y Griezmann son los tres ‘reyes magos’ de nuestros días, cada uno de su país y referentes cada uno a su manera. A pesar de ello, estos excelsos no son los únicos reyes magos sino en realidad lo son todos aquellos que tienen una magia especial para llenar tribunas, arrancar los aplausos y embellecer este juego.

Ese aficionado que como un indigente recorre los estadios se encuentra pidiendo una limosna que llevarse a casa, una buena jugada por la que haya valido la pena pagar la entrada, necesita como dijo Eduardo Galeano que el ‘mago’ les ilusione. De lo contrario, el ‘méndigo’ morirá de hambre, igual que el propio fútbol.