Karate Kiokushin, una fundación para las artes marciales. Cuando una comunidad todavía pequeña, impulsada por un interés común, va reuniéndose ordenada y disciplinadamente para ejecutar una tarea específica, sea esta cultural, social o deportiva, en un lapso indeterminado de tiempo forzosamente se metamorfosea en un movimiento. Usamos el término “movimiento” para dar fuerza al concepto de crecimiento ineludible para todo grupo humano que forma lazos no solamente estimulados por una determinada conducta, sino que encuentra en las raíces mismas de los inicios de una disciplina, la razón intrínseca que extrapola cualquier actividad alumbrándola con una inspiración única, etérea por lo inasible pero sólida por su capacidad de solidificar y amalgamar voluntades.

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La práctica de las Artes Marciales no se limita a un mero ejercicio físico ni a una prueba personal de fuerza agresiva para superar en combate a un adversario. Esta milenaria disciplina traduce con su aplicación la elevación de principios y conductas que permite a sus seguidores el crecimiento integral, espiritual y físico, logrando finalmente la construcción de un ser humano capaz de sortear dificultades mientras que, con sus acciones, también se convierte en factor de cambio positivo para su entorno.

El Karate Kiokushin, dirigido espiritual y magistralmente por el Shihan Enrique Corredor, creció exponencialmente durante treinta años de manera constante y sostenida. Cuando un movimiento alcanza una estructura de madurez junto a una membresía comprometida, nace la necesidad de ordenar al conjunto humano estableciendo algunas políticas y criterios, no para convertirse en una organización sino para asegurar que la dinámica que caracteriza el “movimiento” tenga puntos referenciales y estructuras sólidas que trasciendan al liderazgo mesiánico permitiendo el funcionamiento de la institución distribuyendo tareas, administrándolas y funcionando bajo la premisa del término mágico: “el trabajo en equipo”.

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A finales del año 2010 el Shihan Corredor, convencido por argumentos aportados por algunos de sus alumnos, convoca una reunión. En esta primera asamblea asisten todos los cinturones negros y algunos otros discípulos que, por sus perfiles profesionales, se pensó que podrían enriquecer con experiencia y conocimientos la tarea que se iniciaba. Este #cuerpo colegiado se conoce como “Comité de Cinturones Negros” (CCN).

Asumiendo que las organizaciones deportivas, sociales o culturales no difieren mucho de una empresa productiva por definición propia, necesitan de la subdivisión en áreas para garantizar la optimización del producto final que, en este caso, no es otro que el #atleta formado integralmente al que nos referimos en párrafos anteriores.

Siguiendo los lineamientos del CCN, en el mas de mayo 2011 nace oficialmente la “Fundación de la Unión de Karate Mas Oyama Kiokushin Kai de Venezuela”. Este sueño largamente acariciado finalmente se materializa. El único objetivo de la Fundación es #promover el desarrollo del Karate Kiokushin en Venezuela y, para lograrlo, se estableció una metodología “por proyecto”.

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Este sistema determina que al definir y aceptar un proyecto y establecido su costo, se trabaje para la consecución de los recursos necesarios, de esta forma se garantiza que los fondos recibidos inmediatamente sean convertidos en hechos concretos.