La dimisión de Cesare Prandelli como entrenador del #Valencia solo confirma que este Valencia tiene muy mala pinta. Desde que apenas tres meses después de hacerse cargo del equipo, éste solamente haya conseguido una victoria en ocho partidos de Liga, estando el Valencia con 12 puntos y al borde del descenso.

El motivo de la marcha del técnico italiano al parecer son las diferencias surgidas en la política de refuerzo que pretende realizar el conjunto ‘Ché’ en este mercardo invernal.

El italiano ha confesado en varias ocasiones que cuando negoció su contrato con el Valencia recibió la garantía del propio Peter Lim de que habría fondos para reforzar la plantilla.

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De hecho, el mismo y su entorno han hecho movimientos para convencer a determinados jugadores de que vengan a jugar a Mestalla. Entre ellos, el delantero del West Ham, Simone Zaza.

Pero en las últimas semanas el mensaje del club se ha ido modificando y la dirección del Valencia, escudada en las limitaciones del fairplay de la Liga, ha ido rebajando esa cantidad para refuerzos. De hecho, hace unos días el director deportivo Jesús García Pitarch lanzó la advertencia de que sólo llegarían jugadores si había ventas. Además, tanto él, como el directo Anil Murphy no dudaron en reconocer que apostarían por la llegada de jugadores cedidos, salvo que hubiera un acuerdo con un patrocinador principal, alguna salida inesperada o Peter Lim, al máximo accionista, realiza alguna aportación personal, tres opciones que no se han dado.

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La llegada de Peter Lim suponía la llegada de optimismo y esperanza a un club cada vez más deteriorado económicamente, pero por aquellos momentos en Valencia nadie imaginaba como se torcerían las cosas. Una plantilla desconfigurada, desestructurada y deshecha por los malos resultados. Un equipo sin identidad, sin juego y carente de valores, como resultado de un club sin modelo, sin proyecto, como pollo sin cabeza y frágil en sus principios. Unos futbolistas sin capacidad de reacción, con el orgullo estropeado y la confianza por los suelos debido al ambiente endeble y voluble que ha generado la institución.

Este Valencia tiene muy mala pinta. Por ello, el conjunto de Mestalla debería actuar durante las próximas semanas reproduciendo un protocolo de estado de emergencia: coherencia, responsabilidad, profesionalidad y determinación en la toma de decisiones. No hay margen de error. El mercado invernal ofrece una oportunidad de cambio en la que todas las partes deben volcarse para hacer catarsis: liberar lo sobrante es esencial; tanto como los refuerzos. De producirse este cambio, veremos donde acaba este Valencia. #Fútbol