A punto ha estado la selección española de salir de puntillas por la puerta de atrás del Wembley Stadium después del partido amistoso contra #Inglaterra.

La Roja saltó al terreno de juego con una formación poco habitual a lo que estamos acostumbrados, con una defensa de tres y un Azpilicueta convertido a central. Y es que no sabemos si esto se debe a las bajas en defensa que sufre la selección o que al nuevo seleccionador le apetecía innovar, pero en la experiencia y en lo vivido en el campo nos apoyamos para confirmar que eso no funcionaba. Debió de darse cuenta Julen Lopetegui cuando en el minuto 8 ya iban perdiendo después de que Pepe Reina provocara un penalti al delantero del Leicester, Jamie Vardy, que Lallana transformaría en gol.

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El seleccionador inglés, Gareth Southgate, supo mentalizar muy bien a sus jugadores, los cuales saltaron al césped con las ideas muy claras. Con la línea de presión muy alta y con Lingard convertido en la sombra de Busquets, cerrando esa opción de apoyo en el centrocampista culé, la Roja tuvo problemas para salir con el balón durante todo el partido. Además del dolor de cabeza que les provocaba la velocidad de Theo Walcott y Sterling.

Una vez concluida la primera mitad del partido, donde las ocasiones para el conjunto español fueron prácticamente nulas, y tras las charlas en los vestuarios durante el descanso, se iniciaba la segunda mitad.

Dos minutos, tan solo dos minutos del arranque del segundo tiempo le bastaron a Vardy para aumentar la distancia en el marcador un gol más, adelantándose a un despistadísimo Íñigo Martínez que actuó en la acción del gol igual que la celebración de los jugadores ingleses, como un maniquí.

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Si después del paso por vestuarios nuestros jugadores habían ganado algo de motivación, este gol la volvía a sentar en el banquillo.

Del banquillo salieron Koke y Iago Aspas en el inicio de la segunda parte. El jugador celeste debutaba a sus 29 años después de que Diego Costa se retirara de la concentración por molestias. Aspas iba de camino a las fiestas de su pueblo cuando Lopetegui lo llamó para cumplir un sueño. El jugador del Celta aportó garra y entusiasmo, tirando del carro cuando los demás no tenían confianza para hacerlo. Protestó, luchó y transmitió esos valores al resto del equipo. El seleccionador nacional apostó por un juego más ofensivo sacando a Morata, Isco y Nolito, quitando a un Busquets atrapado durante todo el encuentro, y Ander Herrera que reforzaba el centro del campo.

La nueva actitud ofensiva de #España iba encerrando y haciendo daño al conjunto inglés, pero el gol no aparecía. Fue en el minuto 88 y con el templo de Wembley luciendo butacas vacías cuando Aspas cogió el balón y lo condujo a la frontal del área, adentrándose en ella mientras hacía retroceder a Stones, el cual solo pudo ver desde el suelo como el nuevo debutante de la Roja cumplía otro sueño marcando un auténtico latigazo por la escuadra derecha del guardameta inglés, quitando cualquier telaraña que pudiera haber.

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Wembley enmudeció y la Roja se animó. Los ingleses suplicaban ya la hora, cuando en el último segundo del añadido, Isco recogió como buenamente pudo un balón aéreo dentro del aérea, acomodándoselo con el pecho y rematando con un chut picado que se coló por debajo de las piernas de Heaton.

Los nuestros sufrieron y fueron remando en contra del marcador durante 95 minutos, pero el que la sigue la consigue. No nos ofrecieron su mejor partido ni su mejor versión de juego, pero nos enseñaron que también son capaces de sacar fuerza y orgullo incluso cuando todo está en contra. Valores muy necesarios si queremos seguir creando historia en un futuro. Cierto es que faltaban titulares indiscutibles e imprescindibles como De Gea, Sergio Ramos, Piqué, Jordi Alba o Andrés Iniesta, pero eso no hubiera servido de excusa si al final hubiéramos salido del Wembley Stadium con una derrota sobra la espalda. La nueva Roja apunta maneras, pero todavía necesita pulir muchos detalles de esta nueva era. #Fútbol