Llegó la hora. Una bala belga ha decidido venir para quedarse. Jugador de los que quedan pocos. Driblador, eléctrico, goleador. #yannick #carrasco es uno de esos diamantes en bruto que llaman la atención por su ausencia en el panorama futbolístico. Combina su altura con su agilidad al ritmo de una zancada digna de documental de gacelas. Ha nacido una estrella.

La vida goleadora de Carrasco ha comenzado a sobresalir. El belga está demostrando su crecimiento a medida que van pasando los minutos. Izquierda o derecha, le da igual. Él carga su rifle siempre que puede. Su entrenador lleva más de un año pidiéndoselo, y al fin ha hecho caso.

Anuncios
Anuncios

Era destacable ver al comienzo de su estancia en el Manzanares, cómo un jugador que llamaba la atención por su físico desgarbado deleitaba domingo tras domingo en los minutos de la basura. Aquellas galopadas arrolladoras que aunque no acababan en gol, merecían el hecho de pagar una entrada. “¡Tira, tira!” le gritaba el Cholo desde la banda. Pero Yannick no hacía caso. Se liaba entre sus piernas, tomaba una decisión equivocada, y toda aquella jugaba pasaba a la historia de la nada.

Algo cambió de repente en la carrera del extremo. Un soberbio partido en el Camp Nou. El equipo de Messi y cía andaba un gol por encima en el marcador. El club colchonero con dos jugadores menos. La remontada era imposible, pero Carrasco cogía el balón y se paseaba driblando de un área a otro a todo jugador que se le ponía por delante.

Anuncios

Se puso el mono de trabajo y a remar. No consiguió remontar, pero empezó a ganarse el corazoncito de cuerpo técnico y afición. Era la nueva perla. Había que moldearla. Mimarla hasta el más alto de los extremos. Algún día explotaría. Final de Milán, ¿Quién metió aquel gol?... Apareció en el más firme de todos los escenarios. Gol amargo con sabor a sangre flamenca. En las grandes citas aparece. Quedó demostrado en el año que menos minutos había tenido en su corta carrera. Y sí, digo lo de las grandes citas porque el año anterior y jugando en el Mónaco, Ferreira Carrasco, como por entonces se hacía llamar llevó a su equipo hasta los cuartos de final de la máxima competición continental dando una lección de cómo se juega a esto del balompié. Soberbia actuación en el Emirates ante el Arsenal del francés Arsene Wenger y comienza a crearse un nombre.

Algo ha pasado este verano. Pretemporada de sudor. Obediencia al argentino, y con esa simple fórmula se ha ganado una renovación y la cláusula más alta de su equipo. Goles, asistencias, regates, entrega. Cuando no está Griezmann, aparece Yannick. Tira, tira y sigue tirando. Lo que decía aquel loco de la banda va a ser cierto. Si le obedece el techo se lo va a poner él mismo. El ejemplo lo tiene en su compañero rubio. Llegó para triunfar y ahora está en un posible podio para el Balón de Oro. Un guepardo está en Madrid y quiere quedarse. #atleti