Llega el #mal tiempo, la lluvia y el frío, y nuestras piernas piden a gritos volver a pedalear como lo hacíamos en verano. Sin embargo, el frío es superior a nuestras ganas de salir a rodar. Aún así, la mente sabe que sin tus cuatro horas semanales encima de la #bicicleta, la apatía se puede adueñar de ti y no lo puedes permitir. Como tampoco nosotros podemos quitaros las ganas de montar en bici, os dejamos unos consejos prácticos para que os sea más agradable el paseo por los gélidos caminos de vuestro entorno o incluso por el carril bici.

En primer lugar, lo más importante es mantener constante nuestra temperatura corporal.

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La gente piensa que cuanto más frío hace, más abrigado hay que ir. En este caso no es así, hay que mantener una temperatura corporal equilibrada. Es decir, no pasar frío en las extremidades y no sudar excesivamente en el pecho y la espalda. Si ya de por sí hace frío, y nuestro cuerpo empieza a empaparse de sudor, acabamos de firmar nuestra sentencia de baja laboral. Somos carne de pulmonía.

Por lo tanto, debemos equiparnos de maravilla en nuestras manos y pies: guantes finos, manguitos, medias (o doble calcetín) y un culot largo serían suficientes para contrarrestar el posible frío que tengamos. Las orejas es otro de los sensores de temperatura que tenemos en el cuerpo, por ello, hemos de proteger correctamente esta zona. Cuando sopla viento y el frío acecha, los oídos pueden sufrir muchísimo, por tanto unas orejeras serían la clave para ello.

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Sin olvidarnos por supuesto de una braga o pañuelo para que el aire frío no se nos meta por la boca y nariz al respirar.

En cuanto al tema del pecho y espalda, donde solemos sudar más, se debe llevar el menor número de ropa posible pero que cubra la mayor parte de tu cuerpo. En primer lugar, una camiseta térmica transpirable sería lo idóneo, para que tu cuerpo desaloje el sudor con la mayor brevedad posible y te resguarde del frío. Encima de la camiseta, nos enfundaríamos un forro polar. Otra capa más para protegernos del temido frío. Sin embargo, el viento también se convertirá en nuestro enemigo sobre todo en descensos prolongados. Por ello, un cortavientos sería lo ideal. Si hace un frío polar, puedes sumar más ropa, pero llegará un momento que te agobie y tendrás que quitártela. Aún así, no está de más meter en la mochila otra prenda más o un chubasquero por si llueve.

Cuando salgamos de casa, además de ir ataviados con los complementos obligatorios para montar en bici (casco, gafas), debemos de calentar nuestros músculos.

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Los estiramientos en las piernas son fundamentales, para que en la primera rampa no te dé un “tirón”. Si bien hay que ir entrando en calor poco a poco y no podemos salir a “matacaballo” como hace algún inconsciente. El ritmo constante nos llevará a mantener nuestro cuerpo a la misma temperatura durante nuestra travesía. Acostumbraos también a no llevar agua fría en vuestro bidón. Y sí, agua del grifo o alguna bebida templada para que os hidrate y os haga entrar en calor cuando lo necesitéis.

¡Ahora a pedalear se ha dicho! #Ciclismo