Parece que los hábitos cambian. Si hace algunos años sólo una pequeña parte de la población realizaba ejercicio físico regular, hoy palabras como running o fitness han venido para quedarse en nuestro vocabulario, en respuesta a la existencia de múltiples opciones de cara al seguimiento de un estilo de vida saludable. Y de ahí pasamos a la necesidad imperante de conseguir una estructura muscular definida, una resistencia en carrera mayor o una explosividad determinada en deportes de fuerza. En definitiva, un aumento de la competitividad personal que permita alcanzar nuestros objetivos personales a la hora de hacer deporte. 

Y esta es la clave del empleo de #suplementos deportivos: hacia dónde queremos llegar.

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Cuáles son nuestros objetivos. Porque no es lo mismo un deportista amateur que se ejercita en cualquier deporte unas horas a la semana que aquel deportista de élite que necesita llegar en óptimas condiciones a una competición y rendir en ella al máximo. Para el primer caso, la suplementación deportiva, que se refiere a aquellas sustancias que necesita un deportista para competir adecuadamente, se reducirían a un buen aporte hídrico o una bebida isotónica si la pérdida de sales minerales es menor. Hablamos de ejercicios de intensidad leve y duración corta, por ejemplo carreras suaves inferiores a una hora de duración (el conocido running). Para el segundo caso, nos referimos a deportes de duración prolongada, superiores a una hora, de ejercicio moderado o intenso. Aparecen aquí disciplinas como el ciclismo, el triatlón, la maratón o el rugby, entre otros. 

Teniendo en cuenta que vamos a efectuar un gasto energético y nutricional importante en estas disciplinas, resulta vital una suplementación antes, durante y tras el ejercicio.

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Pero, eso sí, sin obviar que la base de la suplementación deportiva está en una alimentación sana y equilibrada, sin ello no podremos conseguir nuestros objetivos de ninguna forma. Con ello, la necesidad de recurrir a otros productos de mayor número de calorías y nutrientes responden a la incapacidad de conseguirlos mediante la dieta para llegar a las necesidades del deportista o a la propia presentación de los mismos, de mayor digestibilidad y facilidad para ingerirlos: 

  • Suplementación previa: Por supuesto, una correcta hidratación es fundamental antes de comenzar la prueba, pudiendo ser conseguida únicamente con agua o mediante una bebida electrolítica que incluya a su vez algunos azúcares simples de fácil absorción, junto con suplementos de hidratos de carbono. 
  • Suplementación "durante": Mientras tiene lugar la prueba, no se debe recurrir a suplementos que puedan generar malestar digestivo que afecten a la competición. Por ello, si hemos tenido una adecuada suplementación y alimentación previa a la prueba, nuestros recursos más importantes van a ser el agua y otras bebidas electrolíticas que contengan glúcidos simples para llegar a los requerimientos energéticos. También podemos recurrir a geles de hidratos de carbono de fácil absorción en pruebas prolongadas (como el ciclismo). 
  • Suplementación posterior: En esos momentos en los que el deportista llega exhausto tras la prueba, lo primero es recuperar el balance hidroelectrolítico con las estrategias comentadas anteriormente. Una vez conseguido ese punto, podemos recurrir a suplementos que contengan tanto hidratos de carbono, verdadera gasolina del deportista, como algunas proteínas de fácil digestión (como la proteína whey del suero láctico). Y, por supuesto, una alimentación adecuada tras la prueba. 

Como vemos, los suplementos nutricionales son necesarios, pero eso sí, sabiendo diferenciar en categorías de deportistas.

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Y siempre sustentándose en la gran base de una alimentación saludable. Con todo ello la llegada a la meta estará asegurada. #Deportes Sevilla #Alimentos