Europa vive esta noche uno de los duelos más atractivos que se pueden ver en el viejo continente. El Borussia Dortmund, campeón en 1997, lleva años consolidando un proyecto que tiene el sello de la nueva Alemania. Por estilo, plantilla y cultura, el conjunto de Thomas Tuchel representa el giro que el fútbol germano ha experimentado en la última década. Un giro que corresponde a unas claves, en modo de revolución que van mucho más allá del deporte.

Christian Seifert es Jefe Ejecutivo de la Bundesliga y reunió en el verano de 2013 en Madrid a varios periodistas para dar a conocer las virtudes del campeonato al que representa.

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En pleno crecimiento del fútbol alemán su campeonato buscó consejos en la Liga BBVA.

El 9 de noviembre de 1989, el muro de Berlín deja de separar a Alemania y se pone fin a uno de los símbolos más importantes de la Guerra Fría. Meses después, la República Federal consigue el Mundial en Italia, última vez que los alemanes se instalan en el éxito en una Copa del Mundo. Las barreras políticas, económicas y sociales tardarían años en derribarse y eso también afectó de una u otra forma al fútbol doméstico. La Bundesliga, que cumplió no hace mucho 50 años, escenifica ahora la imagen del cambio y la modernidad. Los niños que crecieron en los primeros años de la Alemania Unificada son hoy estrellas de un país distinto a ras de césped.

Jugadores como Özil, Khedira, Boateng o Podolski, internacionales todos ellos, son o han sido parte fundamental de la selección germana.

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Orígenes distintos de una Alemania con un nuevo aire en todos los sentidos. Lejos del vetusto fútbol de la campeona de la Eurocopa del 1996, Alemania entiende desde principios del siglo XXI que esa mezcla racial es la base para nuevos éxitos. Christian Seifert es Jefe Ejecutivo de la Bundesliga y reúne en Madrid a varios periodistas para dar a conocer las virtudes del campeonato al que representa. Uno de los nombres más citados en la reunión es Jürgen Klinsmann, leyenda del fútbol germano que se atrevió a dar muchos pasos al frente en momentos de dudas.

En la Eurocopa de 2004, Alemania llega al ridículo máximo tras no pasar de la primera ronda en la fase de grupos. Klinsmann asume el cargo poco después y en sólo dos años le cambia la cara a su selección. Rejuvenece de forma radical la lista de convocados, resta de privilegios a algunos sectores de la prensa y sobre todo apuesta por un giro futbolístico mucho más creativo y alejado de la tradicional rigidez alemana. Todo tiene su resultado en la selección de hoy, con el que fuera asistente de Klinsmann como seleccionador desde 2006 por renuncia del ahora técnico de Estados Unidos.

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Joachim Low continúa con la fórmula que pocos se atreven a cuestionar pero que Klinsmann tuvo que defender casi en soledad. El Mundial de Brasil confirmó que la apuesta era más que acertada

La Bundesliga también cambia y ve en la selección el espejo donde mirarse o quien sabe si fue al revés. Entre 2002 y 2013, la media de goles en el campeonato alemán es de 2,86 por partido. Este dato es más importante si cabe cuando se compara con Inglaterra (2.64), España (2.68) o Italia (2.58). El aspecto en las gradas también es tan bello como un caño de Thomas Muller o un disparo de Marco Reus. Impactante es saber que la Bundesliga recoge la media más alta (45.116 aficionados de media por partido) de un evento deportivo en cualquier rincón del mundo. 

Para Klinsmann y para otros muchos defensores de la nueva Alemania, el éxito se ha basado en la inversión en educación. Un país más tolerante, donde las diferentes culturas suman en lo futbolístico sin negar que muchas barreras culturales aún deben superarse. Todo equipo que forme parte de la Primera División alemana o de la Segunda debe tener una Academia definida, una cantera con unas reglas reguladas por la Bundesliga para asegurar un crecimiento en el futuro. Pilares básicos que son la guía fundamental para entender la fuerza del campeonato alemán en la última década. #Champions League