Villas olímpicas en mal estado, epidemia de zika, agua contaminada, obras inconclusas y hasta falta de seguridad para las delegaciones son los titulares que emanan desde Rio de Janeiro donde apenas mañana, se realizará la ceremonia de inauguración de los XXXI juegos olímpicos.

Estos hechos han convertido a la organización dle evento en blanco de críticas por parte de distintas delegaciones quienes, con justa razón, reclaman una mejor experiencia para sus atletas y otros integrantes.

Todas estas fallas hablan de la falta de eficacia por parte de la organización en un país sumergido en una grave crisis económica y política.

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El resultado de esta crisis y por ende de la baja calidad organizativa es, sin duda, uno de los gobiernos miembro del eje chavista que nació en Venezuela y en su momento, se esparció por la región.

Escándalos de corrupción llevaron a la separación del cargo de la presidenta Dilma Rousseff, quien fuera también una alta funcionaria del gobierno de su antecesor Lula Da Silva. Hechos como este, sirven para entender el por qué de la realidad de Rio 2016 y de las embarazosas noticias que han surgido y que, muy probablemente, seguirán surgiendo.

Lo de #Brasil no es casualidad. Un país rico pero hundido en corrupción, no es más que una nación pobre. Lo preocupante del caso es, la imágen que está dando al mundo acerca de la capacidad organizativa en América del Sur, aunque, analizando su panorama político actual, parecen soplar vientos de cambio.

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Falta ver si el espectáculo de los miles de atletas que participarán en la cita olímpica, logran limpiar el rostro de esta edición. De igual manera, los acontecimientos que se desarrollen en Brasil, una vez terminados los juegos, seguramente mantendrán la atención del mundo en la nación carioca.

Por el bien de Brasil y de sus más de 200 millones de habitantes posiblemente se resuelva esta crisis y el país que llegó a ser percibido como una de las grandes promesas económicas de latinoamérica, vuelva a retomar el rumbo que hasta ahora, parece haber perdido.