Ésta crónica no será la habitual en una final de Copa, ya que este cronista iba al Vicente Calderón como limpiador, a la Zona Vip del estadio. Me hubiera gustado ver el partido por la tele en casa, pero necesitaba dinero y acepté ese trabajo de un día.

Eso sí, hay que lamentar que la zona de lavar platos donde estuve carecía de tren de lavado e incluso de medios de limpieza. La sala donde había monitores de televisión donde podía seguir, en mis ratos libres, el partido, era lujosa y moderna.

Antes de entrar allí, vi pasar a Ángel María Villar, Presidente de la Federación Española de #Fútbol, y les acompañaba José María García, sí, el mismo, que nos saludaba a todos y llevaba un cigarro puro en la boca que ni Fidel Castro. Me pregunté: ¿No tuvo cáncer de pulmón?

Cuando empezó el partido, en medio de interminables platos de lujo y bebidas para el Rey, los directivos de Barça y Sevilla y otros invitados, como estábamos debajo de donde estaban los seguidores del Sevilla, me daban canguelo sus entusiastas gritos de ánimo.

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Y más cuando de vez en cuando miraba el partido y veía a un Sevilla valiente, al cual el Barça atajaba como podía.

De repente, oigo un griterío, y la tele, cuyas imágenes llegaban con segundos de retraso, muestran la expulsión de Mascherano. Ahora el Barça tiene que luchar más, pensé, con uno menos, y esperar a que el Sevilla se cansara, con el esfuerzo de la Europa League.

Ya en la segunda parte, me doy cuenta de que no está Suárez (luego me enteré de su lesión), que están Mathieu y Rafinha en el campo, y sigue el Barça resistiendo ante un gran Sevilla. Messi estuvo a punto de marcar en una falta directa, y Soria evitó varios goles cantados.

Antes de la prórroga, y siguiendo con mucha comida tirada a la basura, más de 10 bolsas llenas llevadas al contenedor, una barca llena de bebida que se dejaban los clientes hasta arriba y luego tirado su contenido en un sitio de cuyo nombre no quiero acordarme, la expulsión de Banega por la misma jugada de Mascherano me hizo tener esperanzas.

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El  Barça había resistido mucho con uno menos.

Como ya no había tantos platos que vaciar, pude ver buena parte de la prórroga, sin descuidar mi trabajo de limpiador. No pude comer nada, pues vivo los partidos con emoción. Tembló el estadio con el primer gol del Barça, y segundos después, veía el gran pase de Messi a Jordi Alba para marcar al segundo palo y empezar la gesta blaugrana superando adversidades como las mencionadas.

Empiezan a traer más platos, no sabían si alguien vendría a la Zona Vip luego, y veo que queda poco tiempo, que el Barça planta cara a un Sevilla que no se rendía. Ni siquiera cuando Carriço fue expulsado por una criminal entrada a Messi, y en los ataques sevillistas, en los contraataques del Barça, Neymar escondía la pelota y lo cosían a faltas.

Pero poco después, Neymar sella la victoria final en el minuto 118 en un ataque colectivo. Soria evitó una goleada blaugrana en varias ocasiones, pero no pudo evitar los goles de Jordi y de Ney.

Celebré los goles y mi felicidad con algunos gestos, pero sin exagerar, ni como si tuviera el baile de San Vito. Los guardaespaldas que eran allí en la sala no parecían muy interesados por el partido.

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Acabada la final, decidieron tirar la comida que sobraba, esperaban que el Rey viniera, pero no fue así, y cuando recogimos lo que había, me fui a casa. Otros recogerán al día siguiente los platos y copas que hay que lavar. Si no teníamos medios, no era culpa nuestra. #Rey Felipe #FC Barcelona