Eran las 17:45 del pasado 24 de abril, dos de los clubes europeos más fuertes del panorama rugbístico se iban a enfrentar por obtener una plaza en la final del campeonato europeo de clubes.  Dos gigantes del rugby: los feroces y competitivos Leicester Tigers se batían en duelo ante los nuevos millonarios del rugby, Paris Racing 92. Era uno de los partidos del año, el encuentro que todo jugador de rugby quería jugar, más bien dicho que casi cualquier deportista quería jugar. 

Una de las ausencias más significativas de la semifinal la tuvo el equipo parisino. Uno de sus jugadores más mediáticos no podía jugar ya que debía atender unos asuntos familiares en su argentina natal.

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Así Martin Castrogiovanni, pilier izquierdo de 34 años, no participó en el partido que su equipo iba a disputar contra los temibles tigres de Leicester. Lógicamente el club le puso todas las facilidades para que atendiera los asuntos familiares que tanto preocupaban al jugador, algo realmente serio tenía que pasar para que uno de sus jugadores más importantes se ausentase, debieron pensar los dirigentes galos.

Suerte que no necesitaron al bravo jugador argentino en la cancha para ganar la semifinal. Tras 80 minutos de lucha y sufrimiento el club francés se clasificó para la final derrotando por 19 - 16 a los ingleses. Pero el triunfo se vio empañado por unas fotografías que publicó el futbolista del Paris Sant Germain, Zlatan Ibrahimovic. ¿ Y cómo iba a afectar una foto publicada en Instagram por un futbolista a un club de rugby?  Gracias a la inoportuna fotografía en Instagram todo el mundo (Paris Racing 92 incluído) descubrió que Martin Castrogiovanni no estaba en Argentina por asuntos familiares.

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El jugador estaba en Las Vegas celebrando el doblete que consiguió el equipo francés de fútbol. El rugbier argentino estará apartado de la disciplina del equipo hasta que no termine la investigación que Paris Racing 92 está llevando a cabo sobre el asunto.

Las consecuencias

Ahora no hablemos sólo de la supuesta falta de compromiso y disciplina de un deportista en concreto. Este hecho transciende de lo meramente personal para convertirse en un problema de filosofía deportiva. Y es que el rugby siempre se ha vanagloriado de ser un deporte con valores, donde el respeto, el sufrimiento o la lealtad se primaban muy por encima de las fiestas o el dinero.  Qué uno de los jugadores más mediáticos del mundo del oval, un deportista tan querido y valorado, que un crack dentro y fuera de los terrenos de juego cometa tamaña infracción,  ha creado un seísmo en lo más profundo del rugby, en estos momentos los más puristas están consternados con Martin  Castrogiovanni. 

Mentiríamos todos si dijésemos que no queremos un futuro mejor, un contrato más rentable y éxito profesional.

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Pero esto no significa que el modelo que está imperando en el rugby tenga que ser el del fútbol o el baloncesto, durante muchos años el oval se ha apartado de este tipo de dinámicas que ahora están triunfando, el marketing frente al clasicismo. Si antes los ídolos de la afición se dejaban ver en el pub de los estadios y un aficionado cualquiera podía compartir una cerveza con un crack, ahora parece que muchos jugadores parecen más estrellas de rock que profesionales del deporte.

No digo que esté bien o esté mal pero todo apunta a que si el rugby sigue este modelo cada vez se irán perdiendo esos valores y esas actitudes que tan distinguían a este sacro deporte. #Deportes Madrid