Mientras se jugaba el Barça-Atlético de Madrid de la Champions, cuartos de final, el jugador rojiblanco Fernando Torres hizo algo que ya hizo otras veces, marcar un gol al Barça, sea con el Atlético o con el Chelsea, este último en 2012, clasificando a su equipo para la final.

Pero nadie se esperaba lo que pasaría después. El Barça se lanzó a empatar, y Torres no pudo parar a Neymar más que con una patada, que el árbitro, y todo el Camp Nou, interpretó correctamente como punible, y tarjeta amarilla. Luego, al ver que Busquets, hábilmente, fue recorriendo el campo de izquierda a derecha con la pelota pegada a sus pies, sólo pudo pararle igual que a Ney: con otra falta punible.

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Y con una patada más fuerte que la anterior.

El árbitro acertó y la segunda amarilla para Torres. A partir de ahí empezaba el calvario para el Atlético, pues el Barça reaccionó y Luis Suárez dio una justísima y corta victoria en la segunda parte.

Cuando Torres fue expulsado, y justamente, pensé “Este tío es un tonto integral”, una expulsión infantil e insensata. Lo suficiente para que se le eche las culpas si su equipo quedara eliminado. “De héroe a villano”, como dice Mundo Deportivo.

Pero en las redes sociales, se le ha querido presentar como un mártir. ¿Un mártir? Esta vez ha habido un árbitro que no es el cobarde del otro día que no se atrevió a expulsar pronto a Sergio Ramos, con faltas reiteradas y torpes. El de hoy sí hizo lo que debía, pero parece que se quiera disculpar a Torres. Por no hablar de conspiraciones, que ha manejado incluso Pedro Jota Ramírez, ahora crítico futbolístico, por lo que se ve…

En Twitter, el director del diario online El Español calificaba de injusta la expulsión y hablaba de “esto va camino del robo”. El mismo individuo que se dirigió a los del Barça con una frase en alemán que es un saludo nazi, y que jamás pidió perdón por su insulto, se cree Dios (algo habitual en él; si pudiera, exigiría precisamente que le nombraran el sucesor de Dios, alegando demencia senil del actual titular o algo así, es capaz de todo).

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Ya se peleó en las redes sociales este personaje con Gerard Piqué, y éste, sabiamente, le contestó que “cuando se quite la camiseta [del Real Madrid] para opinar, hablaremos”. La sutileza casa mal con esta clase de gente.

Esperemos que el partido de vuelta no sea esa especie de guerra que algunos quieren montar contra el Barça, al menos lo que leemos en Twitter, pues no le dejaría nada bien al Atlético, y menos a la Prensa madrileña, que obsesivamente anima esta campaña. Los del Barça, si pasara esto, no sabrían si van a Madrid o a un país musulmán que protesta por las caricaturas de Mahoma. Pero no pasará, la sensatez dominará.

Filipe Luis, con la boca caliente, o mejor dicho echando fuego como el Vesubio en erupción, ha dicho barbaridades. Él también repartió leña desmesurada durante el partido, como todo el equipo de Simeone, y fingió ciertas cosas. Si Torres ya dijo estupideces como que “la UEFA se fija más en el color de la camiseta que de poner árbitros que estén a la altura”, Filipe fue más esperpéntico.

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No reproduzco aquí lo dicho por él por que es de vergüenza ajena.

El otro día me harté de oír ataques al árbitro si no favorecía al Real Madrid, y hoy, que es europeo y no de aquí, ya no saben qué decir contra el Barça. Torres se autocondenó, y si la Prensa madrileña le santifica, entiendo perfectamente por qué los Juegos Olímpicos se los dieron a Londres, Río de Janeiro y Tokio. No hay más que hablar. #FC Barcelona #Champions League #Deportes Madrid