Cuando comencé a interesarme por el #Fútbol, el Barça ganaba arrolladoramente la Liga 1973-74, y Johan Cruyff era el jugador que llevaba al equipo y le hacía invencible. Revolucionó el fútbol español nada más llegar, con su gran gol al Atlético de Madrid.

Las siguientes temporadas, hasta su marcha en 1978, no tuvieron el mismo éxito, pero dejó espectáculo y un nuevo estilo de juego, que influenció en sus sucesores. Antes de volver como entrenador en 1988, los barcelonistas le echábamos de menos, y él, que acababa de ganar una Recopa con el Ajax, lo comprendía: “La afición del Barça sueña conmigo, y yo sueño con ella”.

Eso sí, con sus propios métodos.

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Antes de rehacer la plantilla completamente con nuevos fichajes y descartes, ya dio toda una charla a los jugadores que aún quedaban de la era Terry Venables-Luis Aragonés sobre cómo había que jugar. Directo, claro e implacable.

Sus dos primeras temporadas fueron irregulares, salvadas por una Recopa y una Copa del Rey, aunque ya dejaba su sello de juego. El Presidente Josep Lluís Núñez, pese a que muchos barcelonistas pedían su cese, decidió mantenerle en el cargo, y a partir de ahí nació el Dream Team.

El fichaje de Hristo Stoichkov fue definitivo, y pese a su mal carácter y un pisotón a un árbitro que le costó una sanción dura, el Barça arrolló y ganó la Liga. La volvió a ganar tres veces más, en tres finales de infarto, aprovechándose de los fallos de Real Madrid y Deportivo, incapaces de rubricar campeonatos casi ganados.

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Su estilo de fútbol total, con jugadores ejerciendo de varias facetas a la vez según como fuera el juego, fue la semilla de lo que se hace ahora, aunque Cruyff fue muy criticado por ello, y más si se creía infalible, como le reprochaba José María García, su mayor detractor: “Cuando gana el Barça, gana él; cuando pierde, pierden los jugadores”.

Aquí viene incluida la primera Copa de Europa para el Barça, con aquella final épica decidida con una falta directa de Koeman tan bien tirada como las de Messi. Con ello, Johan liquidaba las “urgencias históricas” que tan bien definió Menotti, y el Barça empezaba a ser claro favorito en cada año.

Lástima que sus dos últimos años fueron mediocres, con la descomposición del Dream Team en la final de la Copa de Europa en Atenas y el 4-0 encajado ante el Milan, que sólo tuvieron ser finalista de la Copa y su cese fulminante por una discusión con Núñez.

En los años posteriores, sus sucesores aportaron su estilo, pero el estilo Cruyff ya estaba sembrado.

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Louis Van Gaal, compatriota suyo, lo quiso imitar y ganó dos Ligas. Tuvo que ser otro holandés, Frank Rijkaard, quien resucitó el buen juego y dio otra Copa de Europa al Barça y dos Ligas.

Luego decayó y llegó Pep Guardiola, el mejor jugador con Cruyff de entrenador, y puso en práctica magistralmente las lecciones del maestro. Primer año triunfal, ganándolo todo, incluida Champions y Mundial de Clubes. El segundo, la Liga; el tercero, nueva Liga y Champions, y despedida no tan brillante, pero dejó una huella imborrable.

Tito Vilanova, segundo del Pep, continuó el legado, aunque también el cáncer nos lo quitó, y ahora Luis Enrique, otro icono blaugrana, continúa el legado de Cruyff, con la ayuda de Messi, admiración mutua entre ambos.

Hasta que empezó Cruyff a revolucionarlo todo, cada jugador sólo hacía una labor, pero él, con tenacidad y sin importarle la opinión ajena, hizo lo que creía oportuno. Un genio que ha sido un orgullo tenerlo en el Barça. #FC Barcelona #Champions League