Kobe Bryant recibe elogios y homenajes allá por donde va. En cada ciudad se lleva la ovación de los espectadores rivales que han disfrutado de sus acciones en sus 20 temporadas como profesional. Disfrutar de sus últimos partidos, de sus últimas canastas es, posiblemente, la única nota positiva de la temporada de Los Angeles Lakers, una temporada camino de convertirse en la más desastrosa en la historia del club angelino. La última derrota a domicilio ante los Thunder por 40 puntos de margen, ha sido el reflejo de un equipo que camina a la deriva.

Tras ser campeones en 2009 y 2010, el equipo comenzó un proceso de demolición tras la salida como entrenador de Phil Jackson y los paulatinas marchas de Lamar Odom, Pau Gasol, Andrew Bynum o Metta World Peace, jugadores fundamentales en aquellos triunfos, siempre bajo el mando de Kobe.

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Los fracasos de fichajes como Dwight Howard o Jeremy Lin, situaron a los Lakers en una dinámica perdedora que les hizo tocar fondo la temporada pasada, cuando lograron únicamente 21 victorias, la peor marca de toda su historia. Pero esta temporada se han propuesto hacerlo peor.

Con una plantilla muy joven, con poca experiencia o sin el suficiente nivel, los angelinos acumulan un récord de 4-23. De seguir a este nivel, finalizarían la temporada regular alrededor de 10 o 15 victorias. 

En torno a Kobe se erige una plantilla con algunos elementos a destacar de cara al futuro más inmediato, caso de Julius Randle o D´Angelo Russell, sus últimas elecciones en el draft, pero del resto poco se puede aprovechar. Roy Hibbert está muy lejos del jugador que impresionó hace unos años en Indiana, el regreso de Metta World Peace con 37 años poco va a mejorar el rendimiento del equipo y jugadores como Robert Sacre simplemente no tienen el nivel suficiente para formar parte de una plantilla como la angelina.

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A eso hay que sumar la presencia en el equipo de dos jugadores díscolos como Lou WIlliams y Nick Young, los cuales no son un deshecho de virtudes en lo que al juego colectivo se refiere.

Con ello son ahora mismo la segunda peor defensa de toda la NBA y solamente los imberbes Philadelphia 76ers están por debajo de ellos en lo más hondo de la clasificación. Avocados a una temporada nefasta, las incógnitas empezarán pronto, cuando Kobe abandone el barco y se tenga que empezar a reestructurar un equipo que, presumiblemente, andará sobre el barbecho durante las próximas temporadas. Las ilusiones de futuro reposarán en el acierto a la hora de elegir en los próximos drafts o en la llegada de algún agente libre con nivel de estrella.

Mientras todo esto sucede, los Lakers deambulan en una travesía del desierto que se prevee larga, muy larga, alejados de los éxitos que les han hecho ser el segundo mejor equipo de la historia de la NBA y una de las marcas más reconocidas a lo largo y ancho de todo el globo terráqueo. Kobe se merecía un despedida mejor. #Estados Unidos #Baloncesto #Deportes Madrid