No se habían vuelto a ver las caras desde el sexto partido de las Finales de la pasada temporada, hasta anoche, cuando en el Oracle Arena nos brindaron como regalo de Navidad un duelo decidido en los minutos finales. Golden State alcanzó un nuevo triunfo, 89-83, para colocarse con una marca de 28-1, camino del récord de 72 victorias de los Bulls de Jordan de 1996, ante unos Cavs que llevaron el partido a su terreno, pero que casi siempre fueron a remolque en el marcador y cometieron errores en los minutos finales.

El partido tenía el aliciente de ver a los dos mejores equipos de cada Conferencia, con Curry y Thompson por un bando y Lebron, Love y un recuperado Irving por el otro.

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SIn embargo, el factor desequilibrante vino de la mano de Draymond Green, jugador que muy posiblemente estará en el próximo All-Star. Sus 22 puntos, 15 rebotes, 7 asistencias y 2 tapones demostraron lo completo de su juego y su superioridad ante Kevin Love, quien aún está lejos del nivel que los Cavs esperan de él.

El partido comenzó frío, con las principales estrellas desaparecidas en anotación, siendo los secundarios quienes tomaban el mando, especialmente Bogut, dominando ambas zonas, y Green. Unas acciones de genialidad de Curry en los minutos finales disparaban a los Warriors al término del primer cuarto (28-19).

En el segundo cuarto, Cleveland empezó a llevar el partido a su terreno, convirtiendo el partido en una guerra de trincheras. Con Curry en el vestuario tratándose de una dolencia en la parte baja de la pierna derecha, los Cavs lograron igualar el choque y llegar al descanso con todo por decidir (45-42), en un partido en el que ambos equipos cometían precipitaciones y bajos porcentajes en tiros de campo.

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El grueso del segundo tiempo transcurrió de manera similar, con ambos equipos inoperantes en ataque y con espacios de tiempo en el que el juego se convertía en un auténtico correcalles. Con Curry de vuelta, pero mermado, y Thompson bien defendido, fueron Iguodala y Green quienes mantenían la ventaja de los Warriors, aunque Cleveland siempre andaba al acecho. Un 81-71 parecía disipar todas las dudas sobre la victoria local, pero Lebron encadenó tres esfuerzos para meter de nuevo a su equipo en el partido (81-77). Curry le contestó con dos penetraciones a canasta y Lebron falló en lo que es su particular Talón de Aquiles esta temporada, la línea de tiros libres. Ahí se acabó el partido. 

Quizá el partido no fuese todo lo espectacular y estético que se esperaba porque Cleveland entiende que, posiblemente, el llevar el partido al contacto y al juego trabado sea la única manera de poder ganar a estos Warriors que, aún sin jugar demasiado bien las últimas dos semanas, siguen en su idea de convertirse en el mejor equipo de la historia, a la espera del regreso de Steve Kerr al banquillo y de Harrison Barnes a la cancha.

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Los Cavs necesitarán más aportación de su banquillo y del talento de Irving y Love si quieren, no ya volver a las Finales, sino intentar plantar cara en ellas a estos Warriors. #Estados Unidos #Baloncesto #Deportes Madrid