El Barça sigue creciendo como la espuma. Si hace unas semanas el equipo se intuía simplón y endeble, en los últimos partidos su fortaleza no ha parado de aumentar. La defensa, espléndida, completa otro partido sin encajar gol. Busquets continúa mandando soberano en el medio campo y Neymar, bien escoltado por Luis Suárez, sigue demostrando que tiene magia en sus botas. Cada vez más, el brasileño rememora los sortilegios de Ronaldinho. Su segundo gol ante el submarino amarillo tiene esa brujería que tanto derrochó el de Portoalegre en tiempos de Rijkaard. A dos semanas del clásico, el Barça recupera su mejor versión y parece que llegará en óptimas condiciones al Santiago Bernabéu tras golear al Villarreal (3-0). 

Luis Enrique apostó fuerte en la alineación.

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No quería sorpresas ante un equipo, el Villarreal, que puede presumir de ser uno de los visitantes más temibles de esta #Liga. Mathieu volvió al once para echar el cerrojo junto a Piqué, Alves y Alba. Iniesta continúa sumando minutos tras su convalecencia. Junto al de Fuentealbilla jugaron Busquets, enorme durante todo el encuentro, y Sergi Roberto, cada vez más asentado en la plantilla culé. Arriba, como siempre, Neymar y Suárez, esta vez junto a Munir. 

De la primera parte en el Camp Nou hay poco que resaltar. Fue casi como un desierto de juego áspero y sin orden aparente. No hubo ocasiones, sí mucha lucha e intercambios tácticos. El Villarreal, excelentemente guarecido atrás y esperando contraataques jugosos, mantuvo el tipo en todo momento. El Barça, por su parte, se mostró contemplativo, sin el "punch" necesario para hacer daño al conjunto valenciano.

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Se sucedían los minutos y se imponían las defensas; la una numantina y la otra rápida en el repliegue, sin las fisuras que tanto se han acusado durante toda la temporada. Los minutos se sucedían en balde, con algún que otro acercamiento a las áreas, aunque bien solventadas por las zagas y los porteros. Se llegó al descanso casi entre bostezos.

El guión del partido sería muy diferente en los segundos 45 minutos. Neymar, participativo pero neutralizado durante el primer tiempo, emergió como un gigante para gozo del público local. El brasileño mareó a sus marcadores continuamente, como un martillo pilón, hasta que los desconcentró. En una pérdida inusual del conjunto amarillo, Busquets envió una asistencia de oro al carioca. Éste controló con eficacia y la puso lejos de las manos de Aréola. El ansiado gol llegaba al Camp Nou y el Barça olió la sangre. Los de Luis Enrique siguieron con su asfixiante presión sobre la salida del balón del Villarreal. La posesión se descompensó definitivamente para regocijo culé y al final, de tanto avisar, llegó el segundo tanto.

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Munir recibió un balón dentro del área y fue derribado bruscamente Costa. Clos Gómez, que había desquiciado minutos antes a los azulgrana por sacar amarilla a Suárez y Neymar a causa de sus protestas, no dudó y pitó penalti. El encargado de materializarlo fue Suárez, que marcó así su gol, 2-0.

Parecía que el partido iba a perecer así, pero lo mejor estaba por llegar. En un contraataque, Suárez asistió a Neymar en el área. El 7 controló con velocidad demoníaca, tocó sutilmente el cuero para hacerle un sombrero sensacional a Costa y empaló por abajo el balón. Fue un golazo de genio, parecido a aquél que Ronaldinho, ídolo caído del barcelonismo, le hizo al Osasuna hace algunos años. Neymar se afianza como pichichi y ya apunta al Madrid. #FC Barcelona #Fútbol