Que el Mundial de la categoría reina del motociclismo es cosa de dos nadie lo duda. Un día más, Valentino Rossi y #Jorge Lorenzo continúan haciendo cálculos sobre sus posibilidades para coronarse como campeones de #MotoGP. Pero, entre tanta numerología, apareció una de nuevo Dani Pedrosa. Ya lo hizo en el pasado Gran Premio de Aragón, donde, pese a que no ganó, obtuvo una victoria moral en un duelo de altos vuelos contra Rossi. Esta vez no hubo duelo, ni combate, ni golpes a pecho descubierto. Pedrosa se hizo con los laureles de manera clara y contundente, y volvía a saborear las mieles de un triunfo que se le resistía desde hacía un año, en Brno.

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Y lo hizo en Motegi, Japón, el santuario del motor nipón donde ninguna Honda ganaba desde hacía tres temporadas. 

Las cosas no empezaban bien para el de Castellar del Vallés. Empezó rodando con la lentitud propia del hombre cauteloso. La pista estaba húmeda y salpicada de charcos en algunos tramos. La lluvia había dejado el asfalto peligroso y en esas condiciones Pedrosa es menos efectivo. Sin embargo, con el paso de las vueltas el escenario dio un giro copernicano. La pista acabó por secarse y fue entonces cuando llegó el momento de Dani. Era fácil pensar que sería demasiado tarde para el de Honda, que en el ecuador de la prueba estaba a casi 8 segundos del líder del momento, Lorenzo. Pero no lo fue. Pedrosa, con el depósito más ligero y la pista espléndida, apretó las manillas y empezó a rodar con tiempos estratosféricos.

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Al mismo tiempo que Dani volaba en su alazán naranja, el poder de Lorenzo remitía. Sus neumáticos blandos, incontestables bajo la lluvia en los primeros giros, no tardaron en degradarse casi insosteniblemente. Tanto fue así que toda su ventaja quedó reducida a cenizas en la vuelta 17, cuando Pedrosa, como un rayo, lo alcanzó. Rossi, como siempre, dio una lección de inteligencia al volante. Se puso tras la estela de la Honda; recuperó el tiempo perdido con Lorenzo y se aferró a ambos españoles, agazapado, esperando su momento. Dos vueltas más tarde, cuando el catalán ya se enfilaba hacia la victoria, Valentino se dispuso a darle un estacazo al Mundial que puede ser casi definitivo. Aprovechó un error de Lorenzo, que se pasó de frenada en una curva, y se colocó segundo. Ya no habría más cambios.

Pedrosa ganó una batalla que necesitaba y Rossi toca los tambores de la guerra, cada vez más cerca de su décimo título de campeón mundial (¡casi nada!). A falta de tres carreras, el italiano aumenta su ventaja a 18 puntos sobre Lorenzo. La próxima estación: Australia, donde el mallorquín necesita la victoria como nunca teniendo en cuenta que el eterno Rossi apenas cae de su máquina. Recortarle al de Urbino pasa por ganar. Y nada más.