Sobre el cuadrilátero del Calderón se encontraban dos púgiles duros, curtidos y conocedores de lo dañinos que se resultan mútuamente.  No llegaban en gran momento; el Madrid aburría días antes frente el Mälmo sueco y el Atlético claudicaba en casa ante el Benfica. Pero ambos equipos rezumaban tensión y coraje en uno de los mejores partidos de la #Liga. Eso sí, de #Fútbol no hubo demasiado. El pulso entre los dos colosos de la capital española acabó en tablas en un duelo en el que hubo más emoción que filigranas.

La primera parte se desarrolló como se esperaba. La igualdad de los contrincantes se hacía patente en cada lance.

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El Atlético, envalentonado por su afición, intentó acosar al Madrid de inicio, pero apenas lo consiguió. Correa asustó a los merengues en el minuto 4, pero el conjunto blanco se sacudió rápidamente el dominio colchonero con un par de contraataques bien diseñados por Luka Modric, ingeniero balompédico de un Madrid seguro atrás y casi ausente delante. Pero los blancos atesoran una calidad en la vanguardia como pocos, y en una de esas llegadas aisladas se adelantó en el marcador. Carvajal aceleró en la banda derecha,  hizo un autopase a Filipey centró sin oposición. La pelota conectó con el racheado Benzema, solo ante Oblak, y cabeceó sin que nada pudiera hacer el esloveno; 0-1.

Tras el gol, el Atlético pareció enfurecerse. Trató de nuevo de arrinconar al Madrid a través de Correa, y por momentos lo lograba.

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El joven argentino, de 20 años, se erigió como jefe de filas. Tuvo un par de buenas ocasiones, pero siempre estuvo demasiado sólo. Torres y Griezmann andaban desaparecidos y la defensa del Madrid estaba cómoda. El encuentro no se movía, hasta el minuto 20. Ramos tuvo dos errores clamorosos, perdió el balón ante Torres en la puerta de casa y cuando quiso rectificar, derribó claramente a Thiago en el área. Undiano no dudó: pitó penalti y amonestó al sevillano. Griezmann, estrella rojiblanca y gris hasta el momento, se encargó de lanzar la pena máxima. La lanzó mal, sin convicción, y Keylor Navas, detuvo el disparo. Depresivo y sin trama, el partido se deshojó hasta la media parte. 

Después del descanso, el Atlético salió con mayor valentía. El Madrid ya no se sentía asentado y apenas conseguía apoderarse del balón. Con Modric lejos del esférico, el control desapreció por completo y el Real comenzó a sufrir. En el minuto 4 volvió a aparecer Correa, incisivo como nadie en su equipo. Cedió el balón a Torres, que disparó demasiado cruzado.

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El albiceleste, cansado, tuvo que ser sustituido por Vietto en el 12. También se marchó Torres, totalmente apagado, y entró Jackson Martínez. Sin Correa, la tensión de los de Simeone pareció descender. Ni unos ni otros parecían tener ganas o fuerzas para remar, así que el partido entró en una fase de tedio casi soporífero.    

Y cuando parecía que todo iba a acabar con la conquista merengue, los relevos hechos por el Cholo hicieron su aparición. En el 38 Jackson se zafó de Arbeloa y emprendió una carrera frenética hasta que no le quedó más pasto que pisar. Centró como pudo y el balón, entre lágrimas, llegó manso y claro para que Vietto lo empujara dócilmente a las mallas. 1-1 y el Calderón rugía feroz y renovado. El gol fue una llamada al fútbol, que retornó al feudo colchonero como nunca en el partido. Y de su mano volvió la emoción. El Atlético buscó con ahínco la épica que le diera los tres puntos, pero ya no tuvo tiempo suficiente.

Simeone jugó hábilmente sus cartas y sacó un punto valioso ante un Madrid que se coloca colíder junto al Barça.

  #Real Madrid